Publicado en: Diario de Avisos (página 'Historieta')
Fecha: 16 abril, 2017
Texto: Manuel Darias

'Los sexcéntricos: de la creación al calvario'

A finales de 2015, Ramón Boldú (Lérida, 1951) me comenta ilusionado que está absorto en la recuperación de Los sexcéntricos, uno de sus primeros trabajos que se publica en la contraportada de Lib entre los años 1976 y 1983.

Tiempo después, la serie va a ser recopilada en un álbum integral, pero los originales desaparecen y se mantienen perdidos durante dieciocho años. Hace poco tiempo emergen milagrosamente de un abandonado cajón, aunque húmedos y salpicados de ácaros. Mediante minuciosos trabajos de limpieza, el genial historietista restaura setenta y una de esas deterioradas páginas con el objetivo de publicarlas, lo que ahora lleva a cabo. En estos actualizados Sexcéntricos, Boldú mezcla las planchas primitivas recuperadas con otras que incorpora adecuadamente, con la intención de contar lo que le estaba sucediendo en cada momento: "De dónde salían mis ideas, la censura, los juicios que he tenido que afrontar por mis historietas, en fin, todo lo que le ocurre a uno cuando hace cómics en España; mi paso por las editoriales, mi relación con los editores y los dibujantes, sus secretos y mis secretos más ocultos".

El resultado de tales afanes tebeísticos acaba de ver la luz. El renovado Los sexcéntricos, publicado por Astiberri, constituye un nuevo jalón en la trayectoria costumbrista y autobiográfica del dibujante, marcada por obras tan deslumbrantes como: Mario Gamma el Griego, Bohemio pero abstemio, memorias de un hombre de segunda mano, El arte de criar malvas; Sexo, amor y pistachos y La vida es un tango y te piso bailando, que marcan su particular impronta de extraordinario guionista y dibujante de osada frescura y descarada jovialidad.

Ramón Boldú ha ganado merecidamente cuatro premios Diario de Avisos: tres "al mejor guion de humor" (1994, 2010, 2015) y uno "al mejor dibujo de humor" (2010).

Los sexcéntricos, volumen que recomiendo vivamente a los seguidores de esta página, es una de las obras más divertidas que he leído en estos últimos años.

 

Publicado en: resumen (y traducción) de crónica recibida por email.
Fecha: 6 abril, 2017
Texto: Josep María Beà

Ayer por la noche me puse a leer el libro de Boldú y me tuvo enganchado hasta las 5 de la madrugada.
Después de comer acabé de leer las páginas que me faltaban.
Boldú es un narrador extraordinario. El libro es magnífico, y a medida que iba avanzando, lo encontraba mas interesante y hubiese seguido hasta el infinito. Algo así no es nada habitual.
Siempre he pensado que el dibujo ha de estar al servicio del guión, y el dibujo de Boldú es perfecto (ni más ni menos) como conductor del tipo de historias que explica.

 

Publicado en: Playground
Fecha: 2 abril, 2017
Texto: extracto de la entrevista para PlayGround fancine, Victor Parkas.
La entrevista entera: se puede leer en el apartado: Los periodistas y yo de esta web (2 abril 2017)

Ramón Boldú publica ‘Los Sexcéntricos’, un cómic autobiográfico con el que dinamita la industria editorial, desde la Transición hasta nuestros días

Ramón Boldú (Lleida, 1951) quizás no fuese el primer dibujante español en hacer tebeos autobiográficos —antes que él, Carlos Giménez y Manuel Vázquez hicieron lo propio en Paracuellos y Los cuentos del Tío Vázquez—; sin embargo, si en algo fue pionero nuestro entrevistado, es en trasladar al cómic patrio la sensibilidad del underground americano.

En 1991 y tras quince años dedicado al humor gráfico, Boldú empezó a convertir su intimidad en cómic en la revista El Víbora, dando no solo un giro radical a su carrera, sino también a su vida.
En Los Sexcéntricos, el nuevo álbum de Boldú, también hay amagos de pornografía confesional, pero ya no solo utilizando como mimbres su vida privada y la de sus allegados, sino también su propia carrera profesional.
Los Sexcéntricos era el nombre de la primera obra gráfica de Boldú: una tira humorística que se publicaba, semana a semana, en la contraportada de la revista erótica LIB. Aunque la primera idea del dibujante fue hacer una reedición al uso, se dio cuenta que eso chocaría frontalmente con su status quo artístico.
Así, Los Sexcéntricos no solo recupera las 71 planchas originales de Boldú, sino que intercala episodios autobiográficos para ponerlas en contexto; el cómic, así, funciona como radiografía del mundo editorial, desde la Transición hasta nuestros días

En ‘Los Sexcéntricos’ hay vetos editoriales, huelgas de dibujantes, boicots entre empresas rivales y cartas de despido, casi siempre, con el nombre de Boldú en ellas

Pero, ¿tan explosivo es el contenido de los cómics de Boldú? Daniel Ausente, desde el prólogo de Los Sexcéntricos, nos responde así: “Mientras los primeros (Joe Matt y Chester Brown) se regodean en miserias propias, el segundo (Ramón Boldú) despliega las colectivas”. Las colectivas, en este nuevo cómic, serán las del Grupo Zeta antes de ser el Grupo Zeta; las de revistas como LIB, El Jueves, El Víbora o El Barragán; en definitiva, las de todos los recovecos editoriales por los que se ha movido Boldú a lo largo de su carrera.

Los Sexcéntricos, más que un cómic, es una carga de dinamita —sobre todo, teniendo en cuenta que se lanza durante el Salón del Cómic de Barcelona. En sus páginas, Boldú destapa la intimidad, muchas veces incómoda, de cada una de sus empresas empleadoras desde 1976: en Los Sexcéntricos hay vetos editoriales, huelgas de dibujantes, boicots entre empresas rivales y cartas de despido, casi siempre, con el nombre de Boldú en ellas.

Cuando algo de lo que quiero dibujar puede llegar a dañar a alguien, no lo dibujo

Aunque son dibujantes y editores la fauna dominante en Los Sexcéntricos, Boldú no descuida sus miserias sentimentales en este nuevo libro. Un autor capaz de utilizar funerales y divorcios como materia prima para erigir álbumes enteros.

 

Publicado en: el prólogo del libro (extracto)
Fecha: 31 marzo, 2017
Texto: Daniel Ausente

TAXIDERMIA PARA TODOS

… la autobiografía resulta crucial gracias al camino abierto por Robert Crumb, Will Eisner o Art Spiegelman. Dicho esto, es necesario señalar que el cómic español cuenta con autores de idéntica relevancia, se puede sugerir un precedente tan enorme como Vázquez, que labró su leyenda convertido en personaje de Bruguera, o citar pioneros como Carlos Giménez... y Ramón Boldú.

Tomé conciencia de que la autobiografía era uno de mis géneros favoritos leyendo las historias de Boldú que iban apareciendo seriadas en El Víbora. Eran lo primero que leía cada mes de la revista, entre otras cosas por una cuestión personal: soy hijo de la transición y el tardofranquismo pop. Mi familia no faltaba a su cita semanal con Interviú y, además, lo dejaba por ahí encima, a la vista, a mi alcance; también se compraba Lib, cuyos ejemplares apilaba uno de mis tíos en su habitación, medio escondidos tras un montón de libros de ciencia ficción. Así que mi educación incluyó conocimientos sobre las reinas del destape, los reportajes locos de Camacho, el emporio editorial de Antonio Asensio, los Peta-Zetas y Los sexcéntricos. Un poco más tarde también reconocí en los fracasos matrimoniales de Boldú la crónica de una generación, anterior a la mía, que de un día para otro saltó de la represión nacional católica al libertinaje erótico, del mes de María al ¡viva la Virgen!

Con aquellas viñetas también asumí, no nos vamos a engañar, que en mi interior habita un cotilla insaciable y que si el relato autobiográfico me encanta, más aún cuando es salvaje y sin vergüenza. Por eso Joe Matt o Chester Brown se colocaron en lo alto de mis preferencias, aunque siempre por debajo de Boldú. La diferencia es notable y sustancial, pues mientras los primeros se regodean en miserias propias, el segundo despliega las colectivas en un paisaje costumbrista que, encima, no puede ser más cercano porque es el nuestro.

En 2011 le hice una larga entrevista para Mondo Brutto, que fue recibida con gran regocijo por los lectores de la revista (más si desconocían su obra) y Boldú quedó tan contento que ahora me regala este prólogo; pero yo sufrí bastante porque mucho de lo que explicaba ya estaba en sus tebeos, y lo que no lo está en éste. Quise separar a la persona del personaje y resultó que era imposible porque ambos son el mismo.

Durante la entrevista no dejó de citar a Los sexcéntricos, y estoy seguro de que si llego a estar más rato me hubiera convencido para que fuera yo quien los editara. No exagero, sólo hay que leer lo que viene a continuación para comprobar que, por una vez, no miento. Al principio, un joven Boldú propone dibujar una historieta en la contraportada de Lib para ganarse un sobresueldo, pese a ser neófito en esto de las viñetas, y a partir de ahí se inicia una larga peripecia en pos de un álbum que las recopile algún día (aunque luego nos deje con las ganas de saber cómo engatusó a Astiberri para que, al fin, se lo publiquen). De todas sus novelas gráficas es ésta, por fin, la que hace del cómic patrio y la fauna que lo habita su epicentro, y pululan por sus páginas autores variopintos, de Carratalá al argentino José Muñoz, e incluso editores como Josep Maria Berenguer o Rafa Martínez. Y luego está Vázquez, cómo no. Boldú destapa una parte de la historia de nuestros tebeos (El Víbora, Calibre 38, El Jueves, El Barragán) con el mismo descaro que antes aplicó a Interviú y el Grupo Zeta, haciendo gala de dos de sus grandes virtudes. La primera es su condición de guionista extraordinario, que casi nunca se dice, cuando son pocos los que pueden hilvanar con tanta soltura ese abrir historias dentro de historias o cerrar flashbacks dentro de flashbacks. La segunda es que es un irresponsable, porque hay que ser muy insensato para resucitar al negro de Banyoles, que en paz descanse, o traer de vuelta el humor burro e incorrecto de los años del destape tal y como está el patio.

Daniel Ausente