Publicado: https://www.efeeme.com/los-sexcentricos-de-ramon-boldu/
Fecha: 23 de junio, 2017
Texto: César Prieto

“Los Sexcéntricos”,
de Ramón Boldú

“Una historia de los hilos de la Transición, la de las nuevas revistas que iban surgiendo, de como se fueron ajustando, fracasando, desapareciendo”

Los chicos que teníamos entre diez y catorce años en los setenta asistimos un día, asombradísimos, a una mutación en los quioscos por la cual de revistas con portadas con pancartas y caras de señores aburridos pasamos a ver chicas desnudas en todo su esplendor. Fuimos la primera generación que conoció que las chicas eran así cuando se quitaban la ropa no de forma directa, sino en fotografía, en continuas fotografías. Supongo que de alguna manera eso debe de marcar. Y entre toda la variedad de primera hora, la que nos resultaba más apetitosa era “Lib”, con un logotipo muy similar al de cierta marca de informática que se creó solo un año después. La historia de esa pera mordida la encontrarán en este volumen.

En teoría, “Los sexcéntricos” recoge las viñetas de humor gráfico que desde la última página cerraban la revista y que durante un tiempo perdidas aparecieron casi milagrosamente, también esta historia se cuenta; pero –mucho más que eso– va el libro desgranando la historia de esos años con un sinfín de anécdotas curiosas. Boldú es uno de los tres grandes autores que saben trasladar su vida al cómic –los otros dos son Vázquez y Carlos Giménez– y aquí lo hace con especial maestría. Boldú ha vivido y sabe contar lo que ha vivido con sal y jugo.

Así nos encontramos con la visita de Antonio Asensio, presidente de Editorial Z (editora de la revista Lib), con gente de su equipo; a Italia, donde Berlusconi les hace de guía y mentor –descacharrante todo el episodio– o sus relaciones amorosas, o su especial facilidad para meterse en líos, como cuando monta una campaña para ser disecado y expuesto en un museo tras su muerte –claro– para hacer compañía al negro de Bañolas y negar el carácter racista de su exposición.

En el fondo –y aquí está el interés, sociológico– lo que Boldú nos cuenta es una historia de los hilos de la Transición, la de las nuevas revistas que iban surgiendo –“El víbora” y “El Jueves” también se enfocan desde el principio–, de como surgió todo casi al azar, de como se fueron ajustando, fracasando, desapareciendo. En esencia, de como se constituyó un plantel editorial a partir de unos descerebrados a los que las cosas –ni se sabe de qué manera– les salieron bien.



Publicado: http://www.fancueva.com/comic/los-sexcentricos-de-la-creacion-al-calvario-un-pedacito-de-historia/
Fecha: 2 de junio, 2017
Texto: Sergio Benítez

'Los Sexcéntricos. De la creación al calvario', un pedacito de historia

Es de recibo pensar que, a cualquiera familiarizado con la extensa y turbulenta historia editorial de 'El Jueves' —o a aquellos que leyeran en su momento las revistas 'Barragán', 'El Víbora' o, si sois de los muy, muy veteranos, las del 'Lib'— le resultará familiar el título de 'Los Sexcéntricos', las tiras cómicas de muy subido tono sexual que jalonaron una buena parte de la trayectoria profesional de Ramón Boldú y que ahora Astiberri nos ofrece, si bien no de forma íntegra, en este grueso volumen. Pero que nadie se engañe, no es 'Los Sexcéntricos. De la creación al calvario' una mera recopilación ordenada de las páginas que se han podido rescatar de tiempos pretéritos, sino el punto de partida para que Boldú haga lo que mejor sabe hacer “mirarse el ombligo” —sin tono despectivo ni connotaciones peyorativas, cuidado.

La última vez que lo hizo, hace un par de años, el ecléctico talento del antiguo director de 'El Víbora' nos regaló 'La vida es un tango y te piso bailando', una lectura espléndida en la que alternaba anécdotas autobiográficas con recuerdos de la vida de su padre; y ahora, completando el largo recorrido de viñetas biográficas que comenzara en 1995, cierra esta vida impresa en cinco volúmenes con una mirada a veces cínica, a veces nostálgica pero siempre cargada de humor hacia sus experiencias profesionales en lo que al mundo del noveno arte se refiere —lo ecléctico en Boldú es una apreciación que se queda corta si atendemos a las mil y una actividades profesionales a las que ha llegado a meter mano—, comenzando por el alumbramiento de 'Los Sexcéntricos' para la citada 'Lib' en 1976 y finalizando, cuarenta años más tarde, pocos meses antes de que el presente libro quedara cerrado para ir a imprenta.

Entre uno y otro extremo lo que Boldú nos ofrece, jalonado como queda por la inclusión de las desopilantes tiras que dan nombre al volumen, es un ejercicio de memoria en el que —como él mismo afirma en algún que otro instante— incumple vetustas promesas de discreción y saca a relucir muchos trapos sucios de las infinitas vicisitudes que han ido marcando su trayectoria profesional. Con su habitual estilo desgarbado, las andanzas del artista sobre el tablero y fuera de él —éstas últimas, qué duda cabe, las más interesantes y desternillantes— completan una suerte de fresco sobre cuatro décadas de un sesgo bastante relevante de la historieta española. Asomarse a estas páginas es, por lo tanto, un ejercicio casi obligado para todos aquellos amantes del tebeo patrio y, en términos mucho más generales, para los que adoramos este medio y nunca tenemos suficiente conocimiento de los entresijos que se mueven entre el nacimiento de una idea y la impresión última de la misma.

 

Publicado: http://saludytebeos.blogspot.com.es/2017/05/los-sexcentricos-de-la-creacion-al.html
Fecha: 26 de mayo, 2017
Texto: Jesús Gisbert

Los sexcéntricos. De la creación al calvario

"Lo de que aprovechase los antiguos Sexcéntricos fue el último consejo que me dio Vázquez." (R. B.)

Dice Ignacio Vidal-Folch que Ramón Boldú es un hombre sin imaginación. Aunque luego añade: "Probablemente por eso es nuestro mejor (por no decir único) dibujante autobiográfico". 

Lejos de confundir la imaginación con la fantasía, yo más bien pienso que Boldú posee una imaginación portentosa. No solamente la requerida para concebirse a sí mismo y representarse durante cientos de páginas de narración gráfica, que no es poca cosa. La imaginación de Boldú se manifiesta además a la hora de componer sus relatos, por más que el contenido de los mismos responda a situaciones y a hechos verificables. La autobiografía, en última instancia, viene a ser la fuente que aglutina los contenidos de toda imaginación. 

Y así Los Sexcéntricos. De la creación al calvario (2017), el último relato autobiográfico de Ramón Boldú, confirma la capacidad de este historietista para sorprender al lector de sus cómics.  

Porque estamos ante un cómic, principalmente. En la línea de tebeos anteriores de Boldú, aunque de dos en particular: Bohemio pero abstemio (1995) y Memorias de un hombre de segunda mano (1998). Ambos libros recopilan sendas series homónimas de historietas, publicadas las dos en la revista El Víbora (y en la italiana Totem); la primera entre 1991 y 1995 y la segunda entre 1995 y 1998. Un tomo de la editorial Astiberri aparecido en 2009 recoge en un solo volumen los dos títulos. 

Tebeos posteriores de Boldú también autobiográficos, como El arte de criar malvas (2008), Sexo, amor y pistachos (2010) y La vida es un tango y te piso bailando (2015) difieren de los anteriores en el sentido de que nacieron ya como cómics monovolumen. No son recopilaciones de series de historietas previas. [El verso libre, por así decir, en la producción de Boldú es La voz que no cesa (2013), excelente biografía de Miguel Hernández con guion de Ramón Pereira.] 

Por su parte, el reciente Los Sexcéntricos. De la creación al calvario parte de una serie de historietas que, con el título Los Sexcéntricos, fueron publicadas semanalmente en la contraportada de la revista Lib (1976-1982) y en revistas y periódicos de Alemania. Sin embargo, no se trata de una recopilación. Boldú nos cuenta en su nueva obra diferentes vicisitudes colaterales y otras circunstancias que rodearon a la publicación de su vieja serie, perdida y hallada al final aunque en estado lamentable. Es decir, Boldú elabora una nueva novela gráfica a partir de ciertos materiales previos, solo que recuperados en parte y, lo que es más importante, insertos en un nuevo relato autobiográfico de corte plenamente actual. 

La fuente de la imaginación de Boldú, digo arriba, es la autobiografía. Pero su sustancia, lo que da forma a esa imaginación es el cómic. La narración gráfica. El autor se ganó la vida durante la Transición colaborando y como director artístico en las revistas del grupo Z, particularmente Lib. Luego dio el salto a la historieta propiamente dicha cuando inició en El Víbora la serie autobiográfica que daría pie a su primer largo, Bohemio pero abstemio. A partir de ahí, coser y cantar -por decirlo de algún modo- en lenguaje de cómic hasta La vida es un tango. En medio se quedaron experiencias más o menos frustradas con otras revistas, como El Jueves y Barragán

En El arte de criar malvas Boldú ensayó la técnica del tebeo dentro del tebeo. Ahora consuma esa técnica engarzando la serie Los sexcéntricos en una novela gráfica de nueva planta, si bien un capítulo de la misma apareció por vez primera como historieta en la antología Panorama. La novela gráfica española hoy, de 2013, bajo el título "Los guionistas nunca ligan", lo cual es una prueba de la lenta maduración a que el autor somete sus obras. Y es una prueba también de la importancia que Boldú concede a los guiones y, al cabo, a la parte literaria de sus cómics. 

A corto plazo puede ser que interese un montón la intrahistoria de la prensa gráfica española que cuenta Boldú en sus novelas, incluida especialmente esta nueva que es un auténtico metatebeo. Cuando nadie recuerde experiencias directas de la época de Asensio, Berenguer, Vázquez y tantísimos otros que aparecen en los tebeos de Boldú quedarán, me parece, la frescura y el savoir faire que este autor imprime a sus obras.

Mención especial se merece la presencia de Vázquez en Los Sexcéntricos... Y la velada o no tanto alusión a su imitador en el arte de la historieta.

 

Publicado en: http://catradio.cat/icat/programes/Els-experts/1448/audios/El-mon-editorial-dels-comics-despullat/961719
Fecha: 8 mayo, 2017
Entrevista: Daniel Ausente

 

Publicado: http://www.zonanegativa.com/los-sexcentricos-la-creacion-al-calvario/
Fecha: 6 mayo, 2017
Texto: Diego García Rouco

Los sexcéntricos. De la creación al calvario

“Todo lo que cuento es verdad” Ramón Boldú.

Los sexcéntricos. De la creación al calvario nos trae de vuelta a Ramón Boldú. Eso significa que volvemos a colarnos en su vida, siempre con la sonrisa que provocan sus historia. En esta ocasión nos narra sus experiencias con las revistas de cómics a lo largo de los últimos 40 años.

Ramón Boldú nos lleva deleitando con la historia de su vida desde 1991. Primero en las páginas de El Víbora (Bohemio pero abstemio y Memorias de un hombre de segunda mano, recopiladas por Astiberri en un solo tomo) y en los últimos años en las novelas gráficas que le ha ido editando Astiberri (El arte de criar malvas, Sexo, amor y pistachos y La vida es un tango y te piso bailando) nos han ido narrando cronológicamente su vida. Con EDT publicó La voz que no cesa cómic sobre la vida del poeta Miguel Hernández, colaborando en el guión Ramón Pereira.

Las novelas gráficas de Ramón Boldú como autor único son autobiográficas. En Los sexcéntricos se centra en sus desventuras relacionadas con el mundo de los cómics. La historia se articula en torno a la publicación de Los sexcéntricos y la posibilidad de recopilarlos en álbum. Se editan (¡¡¡Por fin!!!) las 71 únicas páginas que se han podido recuperar. Era una página de humor que se publicaba semanalmente en la contraportada de la revista erótica LIB del Grupo Z. Estas páginas se van intercalando con las anécdotas que en las que se basaban las mismas o con lo que le ocurría a nivel tanto profesional como personal mientras las realizaba.

Ramón Boldú es el precursor del cómic autobiográfico en España. Carlos Giménez y Vázquez editaron previamente historias autobiográficas pero es Boldú quien trae la influencia del underground americano. Siempre desde el humor porque la vida es una tragicomedia. Es diferente de Joe Matt y Chester Brown en el optimismo que desprende su persona/personaje. Nunca se regodea en sus desgracias como hacen ellos. Se presenta como un buen tío con el que te podrías tomar unas cañas. Al Joe Matt de los cómics nunca le daría la mano si no sé donde la ha tenido… A los que retrata sin ningún tipo de filtro ni piedad son a los que le rodeaban, nos los muestra tal cual son, o tal cual los recuerda. Si algo destaca en su obra es la ausencia de pudor y autocensura. Así lo atestiguan las múltiples denuncias que ha tenido a lo largo de su vida.

Los sexcéntricos. De la creación al calvario nos lleva, como hicieran antes Paco Roca en El invierno del dibujante y Carlos Giménez en Los Profesionales, a las miserias y alegrías del mundo editorial del cómic patrio. Por cierto, Vázquez sale en las tres. La diferencia es que la obra de Boldú se desarrolla en plena transición con una España modernizándose aunque seguían resistiendo resquicios del Franquismo paleto. Y todavía resisten por desgracia. Los sexcéntricos originales no dejan de ser chistes picantes, algunos mejores que otros, pero lo interesante es la intrahistoria de esas historietas. Boldú nos muestra con una sinceridad apabullante los tejemanejes de las redacciones del Grupo Zeta y las de revistas como LIB, El Jueves, El Víbora o El Barragán. Y algunos personajes peculiares: editores (Asensio o Berenguer), autores (Vázquez), e incluso políticos como el impresentable Berlusconi. Es importante que alguien que lo vivió lo cuente para que así se evite la tentación tan de moda en este país de reescribir la historia. Contada en primera persona por Boldú, que se convierte en un personaje, siempre vestido igual como un héroe de la BD clásica, pero sin ser una parodia aunque demuestre una capacidad envidiable para reírse de si mismo.

Al cubrir un espacio de tiempo muy grande la narración va dando saltos temporales que le restan cohesión a la obra. En ese sentido es más cercana a Bohemio pero abstemio y Memorias de un hombre de segunda mano que también tenían ese carácter episódico. Que ya no se da en el resto de su obra al publicarse directamente en libro y contar con guiones cerrados. Nos encontramos con varios estilos de dibujo ya que se van intercalando paginas de Los Sexcéntricos, El Jueves o El Víbora con el estilo habitual en sus obras autobiográficas, con esas viñetas cargadas de texto y letra que son marca de la casa.

Otro nuevo cómic de la colección El Sillón Orejero con la calidad habitual de Astiberri. Con un formato entre medias de la novela gráfica y las tiras de prensa, debido a que las historias de Los Sexcentricos se publicaban en ese formato. Un acierto el texto de Boldú en las solapas del libro.

Las páginas recuperadas de Los Sexcentricos son chistes eróticos muy hijos de su tiempo. Unos son mejores y otros peores pero su concepción tal como nos lo cuenta Boldú es realmente divertida. Esto hace que merezca la pena leer su vida ya que como dice todo lo que cuenta es verdad.

 

Publicado: https://thewatcherblog.wordpress.com/2017/04/26/los-sexcentricos-de-la-creacion-al-calvario-de-ramon-boldu/
Fecha: 26 abril, 2017
Texto: Gerardo Vilches

Los sexcéntricos. De la creación al calvario, de Ramón Boldú

La memoria es algo muy importante. Siento empezar este texto con una obviedad de tal calibre, pero me temo que no es algo que tengamos demasiado claro en España. Y no hablo sólo de los conflictos ideológicos que todos estamos pensando, sino de algo más prosaico: la gente no cuenta sus historias. O lo hace solamente en la intimidad. Hay tanto que no sabemos de lo que sucedió en la transición, por ejemplo, porque la gente no habla, porque creen que hay cosas que no se pueden contar o es mejor esperar, siempre esperar. Pero el tiempo pasa, y de repente uno muere y se lleva a la tumba un trocito de historia. De la historia de todos.

Eso no va a pasarle a Ramón Boldú, desde luego. Y eso que ganamos todos. Boldú lleva años contando su vida, con una desvergüenza digna de un Joe Matt, y empezó cuando nadie se atrevía a exponerse así en las viñetas españolas, en El Víbora de los 90. Y no ha parado de contar y de aportar su visión de una época clave para la historia de España. Su retrato de costumbres y mentalidades ofrece una información valiosa para historiadores que quieran profundizar en cómo pensaba y sentía entonces la gente, pero, más allá de eso, refleja a la perfección lo pocho que a veces podía ser todo en un país que entraba deprisa, demasiado deprisa a veces, en la modernidad, con un retraso que nos hizo, por ejemplo, emborracharnos de un destape al que hoy miramos con un poco de vergüenza culpable. Hay mucho de eso en esta nueva obra, Los sexcéntricos. De la creación al calvario (Astiberri), que llega dos años después del excelente La vida es un tango y te piso bailando (Astiberri, 2015). La premisa de la obra es recuperar unas páginas de chistes de temática sexual que Boldú dibujó desde 1976 de forma intermitente, y que, en determinado momento, le presentó a Josep Maria Berenguer para su publicación en La Cúpula. Le llevó los originales y nunca más supo de ellos, hasta que recientemente Emilio Bernárdez los encontró en una carpeta y pudo devolvérselos. Pero Boldú no se contentó con reunirlos y publicarlos sin más, cosa que habría tenido cierto valor patrimonial pero poco más, sino que ha convertido su recuperación en otra de sus fantásticas obras autobiográficas, en la que emplea las páginas de Los sexcéntricos como hilo conductor.

Como decía, el destape es algo que ha envejecido muy mal porque nació tarde y porque el país ha cambiado muy rápido. Incluso aunque en muchas de las páginas de esta serie de chistes Boldú demuestra una mentalidad más abierta de lo que era habitual, con mujeres activas sexualmente y hombres ridiculizados en su frágil masculinidad heteronormativa, otras son hijas de su tiempo. Y por eso su publicación hoy tiene valor si se ponen en su contexto. No sé si ésa fue la primera intención de Boldú y al final se lió o desde el principio albergaba la idea de dibujar una novela gráfica a partir del material original, pero el resultado es uno de sus tebeos más completos e interesantes, por el diálogo constante entre esos chistes y la historia que los rodea, que va, por supuesto, mucho más allá a la simple realización de las páginas.

La actitud vital de Boldú no separa obra de vida. Sus cómics sólo se entienden como una extensión de su trabajo en diferentes editoriales y revistas, y éste sólo tiene sentido en una época en la que las cosas se podían hacer de un modo tan informal como aquí se muestra. En el mundo editorial que conoció Boldú los tratos se cerraban a salto de mata, el material fotográfico se conseguía como fuera y al final las cosas salían. Boldú fue responsable de Lib, una revista hoy bastante olvidada, algo así como la hermana golfa de Interviú que nadie podía comprar con la coartada de los reportajes de investigación. Boldú nunca idealiza aquel mundo, ni pretende justificarlo. Tampoco a sí mismo. Pone pocos filtros en un relato verborreico, que pasa de una anécdota a otra con fluidez y naturalidad oral, y que mezcla las aventuras editoriales de Boldú con sus aventuras sentimentales. Para cualquier aficionado al cómic tiene especial interés todo lo que se refiere a los primeros años de El Víbora, que Boldú aborda desde su relación personal con Berenguer, Bernárdez y algunos de los autores, sin escatimar en anécdotas y hechos peliagudos.

Dice Daniel Ausente en la contracubierta de este libro de Boldú que es un «irresponsable» y un «insensato». Y sí, coincido en que al autor no parece importarle meterse en problemas con sus historias, o contar lo que sabe de ciertas personalidades, no precisamente menores o circunscritas únicamente al sector del cómic, ya que por las páginas de Los sexcéntricos desfilan Antonio Asensio, Javier Nart o Silvio Berlusconi.

Más allá de ese interés por la memoria, el cómic funciona porque sigue siendo muy divertido. La mirada de Boldú no deforma, no es satírica, sino que muestra las cosas que casi nadie muestra. La caspa, lo cutre, lo que normalmente preferimos olvidar. El tiempo que recuerda es diferente al relato hegemónico o, mejor dicho, es su trastienda. Lo que nadie ha querido contar Boldú lo expone con deliberada desvergüenza y construye, así, una crónica única en su especie, una obra monumental que todavía no ha terminado.

 

Publicado en: Radio Euskadi
Fecha: 23 abril, 2017
Entrevista: Jon Spinaro

 

Publicado en: http://www.caninomag.es/celebramos-las-vinetas-15-comics-dia-del-libro/
Fecha: 20 abril, 2017
TEXTO: Daniel Ausente

SELECCIÓN DE LO MEJOR PARA SANT JORDI 2017:  Los sexcéntricos de Ramón Boldú

Para cerrar la lista a lo grande nada mejor que la nueva novela gráfica de Ramón Boldú, pionero en nuestro país de la autobiografía sin reparos. Lo mejor es que se trata de una perfecta puerta de entrada para adentrarse en las peripecias de un autor de biografía singular, pues si bien todos los títulos anteriores admiten lectura independiente tienen una cierta continuidad cronológica. Aquí retrocede para efectuar un recorrido completo a su vida como dibujante de cómics que, al mismo tiempo, recupera sus primeras historietas, las que dan título al álbum y que realizó para la contraportada de la mítica revista Lib, cabecera erótica de los años del Destape y la Transición. La cosa tiene su mérito, pues se trata de un humor de muy difícil encaje en estos tiempos que corren. Esas historietas son el hilo a partir del cual se relata una parte de la historia de nuestro cómic: las revistas de la transición el nacimiento de El jueves, el boom del cómic adulto, El víbora o hasta el semanario El Barragán que realizó junto a Vázquez. Un testimonio jocoso perfecto para descubrir a Boldú, un tipo al que le pasa de todo y que narra sus tragedias con imbatible animus iocandi, ese concepto jurídico hoy en horas bajas.

Recomendado para: Interesados en la historia del cómic español reciente, amigos de las anécdotas indiscretas y estudiosos del humor de la Transición.

 

Publicado en: Diario de Avisos (página 'Historieta')
Fecha: 16 abril, 2017
Texto: Manuel Darias

'Los sexcéntricos: de la creación al calvario'

A finales de 2015, Ramón Boldú (Lérida, 1951) me comenta ilusionado que está absorto en la recuperación de Los sexcéntricos, uno de sus primeros trabajos que se publica en la contraportada de Lib entre los años 1976 y 1983.

Tiempo después, la serie va a ser recopilada en un álbum integral, pero los originales desaparecen y se mantienen perdidos durante dieciocho años. Hace poco tiempo emergen milagrosamente de un abandonado cajón, aunque húmedos y salpicados de ácaros. Mediante minuciosos trabajos de limpieza, el genial historietista restaura setenta y una de esas deterioradas páginas con el objetivo de publicarlas, lo que ahora lleva a cabo. En estos actualizados Sexcéntricos, Boldú mezcla las planchas primitivas recuperadas con otras que incorpora adecuadamente, con la intención de contar lo que le estaba sucediendo en cada momento: "De dónde salían mis ideas, la censura, los juicios que he tenido que afrontar por mis historietas, en fin, todo lo que le ocurre a uno cuando hace cómics en España; mi paso por las editoriales, mi relación con los editores y los dibujantes, sus secretos y mis secretos más ocultos".

El resultado de tales afanes tebeísticos acaba de ver la luz. El renovado Los sexcéntricos, publicado por Astiberri, constituye un nuevo jalón en la trayectoria costumbrista y autobiográfica del dibujante, marcada por obras tan deslumbrantes como: Mario Gamma el Griego, Bohemio pero abstemio, memorias de un hombre de segunda mano, El arte de criar malvas; Sexo, amor y pistachos y La vida es un tango y te piso bailando, que marcan su particular impronta de extraordinario guionista y dibujante de osada frescura y descarada jovialidad.

Ramón Boldú ha ganado merecidamente cuatro premios Diario de Avisos: tres "al mejor guion de humor" (1994, 2010, 2015) y uno "al mejor dibujo de humor" (2010).

Los sexcéntricos, volumen que recomiendo vivamente a los seguidores de esta página, es una de las obras más divertidas que he leído en estos últimos años.

 

Publicado: http://freekmagazine.com/2017/04/07/los-sexcentricos-de-la-creacion-al-calvario-ramon-boldu-astiberri/
Fecha: 7 abril, 2017
Texto: José Luis Vidal

La creación y posterior extravío de una páginas originales son el leiv motiv de esta nueva entrega en la ya larga biografía en cómic de Ramón Boldú. Ahora ya no suele suceder, debido a los adelantos tecnológicos y a la invasión de lo digital, pero hace no demasiados años, el patrimonio de un autor de cómic se medía por los originales que poseía. Lo malo es que, como en muchos casos, la mayoría de estos solían estar en posesión de los editores, olvidados en un armario o bien, por arte de birlibirloque, había pasado a las manos de coleccionistas o “fiables” vendedores”…

La historia, este pedazo de la vida del autor, comienza en el año 1974 y termina en la actualidad. En ella Boldú nos narra con la socarronería y sinceridad que le caracteriza, su vida como diseñador de la celebérrima revista erótica “Lib” (para los que ya hemos superado la cuarentena, observar su portada en los quioscos era un auténtico espectáculo y si algún amigo podía comprarse algún número, la “celebración” se cuadruplicaba), que en aquellos años en los que aún se padecía la resaca de cuarenta años de franquismo, fue un desvergonzado soplo de aire fresco con la que, por fin, los chavales y no tan chavales podían disfrutar de las curvas de las chicas que exhibían sus carnes sin pudor en el interior de la publicación.

Boldú, además de la labor antes señalada, fue el creador de las historietas que cerraban la revista en la contraportada, titulada “Los Sexcéntricos”. Eran narraciones cortas, chistes erótico festivos sin más pretensión que divertir y, tal vez, escandalizar a algunas mentes bien pensantes. Mucha teta, culo y pichas.

Pues a los largo de estas páginas, felizmente recuperadas, vamos a hacer un viaje a la Barcelona de aquellos años, a los tejemanejes de editores, guionistas, dibujantes. Acompañaremos a Boldú en esas noches locas, de alcohol, porros y chicas en las que el autor, sin cortarse un pelo, nos narra sus esfuerzos, casi siempre fracasados, por ligar y llevarse al huerto a más de una fémina…

Como él mismo señala en las solapas de este libro, son cantidad los personajes reales (el listado es muy, muy largo…) que se pasean por esta historia, “su” historia que, narrada con absoluta y descarnada sinceridad muestra al lector. Unos tiempos difíciles, en los que un trabajo se cerraba con un apretón de manos y se perdía, acto seguido, con la misma facilidad. La historia de un buscavidas, ésta, en las que nos pasearemos por redacciones de famosas revistas, salones de cómic, bares, negocios. Y es que, si algo tiene esta narración, es que se nos muestra realista y creíble, desprovista de esta pátina con la que, los que no hemos vivido esa época, recubrimos aquellos heroicos tiempos del tebeo más marginal en nuestro país.

Al igual que otros autores como Joe Matt, Chester Brown y otros autores de la viñeta, Ramón Boldú se desnuda, mostrándonos lo bueno y malo que ha tenido su vida como autor, como marido, como amigo. Una sincera y acertada confesión, con mucho humor y desparpajo. Si os apasionan los slice of life (tebeos autobiográficos), aquí tenéis uno la mar de recomendable.

 

Publicado en: resumen (y traducción) de crónica recibida por email.
Fecha: 6 abril, 2017
Texto: Josep María Beà

Ayer por la noche me puse a leer el libro de Boldú y me tuvo enganchado hasta las 5 de la madrugada.
Después de comer acabé de leer las páginas que me faltaban.
Boldú es un narrador extraordinario. El libro es magnífico, y a medida que iba avanzando, lo encontraba mas interesante y hubiese seguido hasta el infinito. Algo así no es nada habitual.
Siempre he pensado que el dibujo ha de estar al servicio del guión, y el dibujo de Boldú es perfecto (ni más ni menos) como conductor del tipo de historias que explica.


Publicado: http://www.elespanol.com/cultura/arte/20170404/205979544_0.html
Fecha: 4 abril, 2017
Texto: Lorena G. Maldonado

El sexo bruto de España después de Franco: las viñetas que hoy no podrían publicarse

Ramón Boldú rescata sus historietas de las contraportadas de la revista porno Lib, hija de la Transición, en 'Los sexcéntricos'. Transversales, incorrectas, imposibles hoy. 

Dice Ramón Boldú (Tarroja, 1951) que los historietistas hoy están "casi como en la época de Franco con La Codorniz", porque "hay que explicar todas las cosas con segundas para que se lean entre líneas": "Lo fácil es decir lo que te da la gana, pero lo valioso es darle la vuelta y colarlo", sostiene. El viñetista asume que se está viviendo un retroceso. "Más que en la viñeta, en el humor, sobre todo. Los que mandan tienen una mentalidad todavía como de los años cuarenta, ¿no? ¡Luego decimos que si los yihadistas que se cargaron a Charlie Hebdo...!", lanza. "Se les debería caer la cara de vergüenza: por un lado hay unos terroristas que no te dejan meterte con su dios, ni hacer ninguna broma... y por otro lado, por una tontería te encierran en la cárcel".

Los Sexcéntricos. De la creación al calvario (Astiberri) repasa la vida del dibujante desde el inicio de la Transición y la intercala con las viñetas con las que ilustraba la contraportada de la revista LIB, flor y nata del destape español, carne fresca del pornostarismo. "¡Y porque son de hace 40 años!", repone el padre de la criatura.

"Habría que tener huevos aquí para publicar los Sexcéntricos hoy por primera vez, tal y como está la cosa: ahí era todo humor, la mujer desnuda, el hombre que la admiraba... y no pasaba nada", evoca. "La desnudez es lo más normal del mundo, pero parece que ahora hemos dado pasos atrás también en esto y hemos puesto sellos y etiquetas en vez de dejar que cada uno haga lo quiera mientras ese disfrute no haga daño a los demás".

MACHISMO DE AYER, CORRECCIÓN POLÍTICA DE HOY

El libro exhibe, en forma de relatitos cómicos e impúdicamente autobiográficos, ese sexo bruto que explotó en España después de que Franco se pusiese la mortaja: ese humor libre y obsceno que quería enterrarse en caliente a toda costa. Después de tantos años grises, estalló la coña del pezón, del glande rosáceo, de la autofelación, del perrito. Llegó la vida rugiendo y diciendo que aquí cualquier aventura era válida si acababa en eyaculación y alegría. Dice Daniel Ausente en el prólogo que Ramón Boldú "es un irresponsable, porque hay que ser muy insensato para resucitar al negro de Banyoles, que en paz descanse, o traer de vuelta el humor burro e incorrecto de los años del destape tal y como está el patio".

Hay que ser muy insensato para resucitar al negro de Banyoles, que en paz descanse, o traer de vuelta el humor burro e incorrecto de los años del destape tal y como está el patio

El patio es -claro- la obsesión nuestra de cada día por el paternalismo, por el eufemismo, por el cuidado que exigimos hasta al arte, ¡a la ficción!, a la hora de expresarse. Lo hemos vuelto todo frágil, susceptible de lapidación. Es obvio que hoy chirriaría el pequeño cuento en el que una mujer se masturba en directo frente a un patio de butacas lleno de tipos babosos: la señora de la limpieza, que lo ha observado todo desde la trastienda, espera a que todos se vayan y ella misma se introduce el palo de la fregona por la vagina, imitando a la celebrity.

Por no hablar del marido que, al entrar en casa, encuentra a su mujer tirada en el suelo, afanada en la limpieza, sudorosa, con la lengua fuera de cansancio y los pechos rendidos. Mientras la recoge y le dice que no quiere verla así, se la lleva al sofá, le practica sexo rápido y sale de allí, subiéndose la bragueta: la verdad es que le excitaba la imagen de su esposa sumisa, jadeante en el parqué. O la consorte de una boda, que acaba tirada en el suelo y siendo penetrada por seis amigos del marido, orgiásticos y felices.

Siendo justos, hay que reconocer también mucho choteo destinado al hombre: por infidelidades recibidas, por penes pequeños, por homosexualidades encubiertas, por cierta condición de paleto. Boldú explica que el sexo "sólo es un tema dentro de otro más amplio, la vida", y que en él se encierra también "el carácter de las personas, los malos tratos, la gente que se aprovecha, las putadas, las venganzas, el dolor...": "Hay de todo esto en mis viñetas, pero el público se queda con el sexo, es lo que más ve, como en una comida en la que hay de todo pero está bañada de picante".

100% AUTOBIOGRÁFICO

La gran característica del viñetista es que todo -"el 100%", puntualiza- lo que dibuja es verdad. En este tomo pide perdón a sus ex, a Steve Jobs, a Silvio Berlusconi, a Javier Nart, a Tita Cervera, a Carme Chaparro... por contar sus cotilleos sexuales a trazo limpio. "Bueno, algún nombre he cambiado, como el de un abogado y el de otro que me metió en juicio...", ríe al teléfono.

"¿Sabes? Yo no doy lecciones ni consejos a nadie. Tampoco los ridiculizo. El primero del que me hablo y del que me río es de mí, porque así, por muy crudo que sea lo que me pase, en vez de coger una depresión siento que no estoy solo, que estoy acompañado de gente como yo", relata.

Ramón Boldú amasa un montoncito de querellas y de juicios, algunos por "atentar contra la moral"

Boldú intuye que cuando la gente le lee piensa de él cosas como "¿pero cómo este tío no ha visto que le pasaría esto? Es gilipollas", y lo que pretende es que ese público entienda que, si tuviesen al dibujante de frente, tendrían consejos para él, y no al revés. Sin adoctrinamientos. Sin complacencias por parte del artista. Sin humor vertical.

Ramón Boldú amasa un montoncito de querellas y de juicios, algunos por "atentar contra la moral". "Era muy gracioso. Se querellaron contra mí siete enfermeras de la Clínica Quirón por sacarlas con unos penes en la mano... pero esa misma gente que compraba Lib y se indignaba por mis viñetas, no decía nada de la chica del poster central", reflexiona. "Yo iba al juicio y sabía lo que tenía que decir. ¿Usted que intención tenía? Divertir. ¿Y atentar contra la moral? No. Ah, vale...". Una de las últimas denuncias vino de mano de un asesor de la Generalitat.

"Dijo que un personaje era él, y eso que le había cambiado el nombre", guiña. "Hacía tiempo que lo conocía. Era director de una discoteca, sus empleados tenían que ser sumisos con él, hacer lo que quisiera, si no, los despedía. Hasta uno un día me vino llorando... al cabo de un tiempo lo expliqué".

Lo han despedido algunas veces de sus empleos, por insurrecto, pero sólo se ha mordido la lengua cuando ha pensado que podía hacer daño a alguien querido. En Sexcéntricos incluye retazos de su propia vida porque "cuando Coll, el de El Tebeo, se suicidó... siempre pensé que me hubiera gustado mucho saber cómo era su vida antes de irse, por qué iba a suicidarse, qué le pasaba por la cabeza... por eso he hecho esto. Para que nadie se lo pregunte de mí".

 

Publicado en: Playground
Fecha: 2 abril, 2017
Texto: extracto de la entrevista para PlayGround fancine, Victor Parkas.
La entrevista entera: se puede leer en el apartado: Los periodistas y yo de esta web (2 abril 2017)

Ramón Boldú publica 'Los Sexcéntricos', un cómic autobiográfico con el que dinamita la industria editorial, desde la Transición hasta nuestros días

Ramón Boldú (Lleida, 1951) quizás no fuese el primer dibujante español en hacer tebeos autobiográficos —antes que él, Carlos Giménez y Manuel Vázquez hicieron lo propio en Paracuellos y Los cuentos del Tío Vázquez—; sin embargo, si en algo fue pionero nuestro entrevistado, es en trasladar al cómic patrio la sensibilidad del underground americano.

En 1991 y tras quince años dedicado al humor gráfico, Boldú empezó a convertir su intimidad en cómic en la revista El Víbora, dando no solo un giro radical a su carrera, sino también a su vida.
En Los Sexcéntricos, el nuevo álbum de Boldú, también hay amagos de pornografía confesional, pero ya no solo utilizando como mimbres su vida privada y la de sus allegados, sino también su propia carrera profesional.
Los Sexcéntricos era el nombre de la primera obra gráfica de Boldú: una tira humorística que se publicaba, semana a semana, en la contraportada de la revista erótica LIB. Aunque la primera idea del dibujante fue hacer una reedición al uso, se dio cuenta que eso chocaría frontalmente con su status quo artístico.
Así, Los Sexcéntricos no solo recupera las 71 planchas originales de Boldú, sino que intercala episodios autobiográficos para ponerlas en contexto; el cómic, así, funciona como radiografía del mundo editorial, desde la Transición hasta nuestros días

En 'Los Sexcéntricos' hay vetos editoriales, huelgas de dibujantes, boicots entre empresas rivales y cartas de despido, casi siempre, con el nombre de Boldú en ellas

Pero, ¿tan explosivo es el contenido de los cómics de Boldú? Daniel Ausente, desde el prólogo de Los Sexcéntricos, nos responde así: “Mientras los primeros (Joe Matt y Chester Brown) se regodean en miserias propias, el segundo (Ramón Boldú) despliega las colectivas”. Las colectivas, en este nuevo cómic, serán las del Grupo Zeta antes de ser el Grupo Zeta; las de revistas como LIB, El Jueves, El Víbora o El Barragán; en definitiva, las de todos los recovecos editoriales por los que se ha movido Boldú a lo largo de su carrera.

Los Sexcéntricos, más que un cómic, es una carga de dinamita —sobre todo, teniendo en cuenta que se lanza durante el Salón del Cómic de Barcelona. En sus páginas, Boldú destapa la intimidad, muchas veces incómoda, de cada una de sus empresas empleadoras desde 1976: en Los Sexcéntricos hay vetos editoriales, huelgas de dibujantes, boicots entre empresas rivales y cartas de despido, casi siempre, con el nombre de Boldú en ellas.

Cuando algo de lo que quiero dibujar puede llegar a dañar a alguien, no lo dibujo

Aunque son dibujantes y editores la fauna dominante en Los Sexcéntricos, Boldú no descuida sus miserias sentimentales en este nuevo libro. Un autor capaz de utilizar funerales y divorcios como materia prima para erigir álbumes enteros.

 

Publicado en: el prólogo del libro (extracto)
Fecha: 31 marzo, 2017
Texto: Daniel Ausente

TAXIDERMIA PARA TODOS

… la autobiografía resulta crucial gracias al camino abierto por Robert Crumb, Will Eisner o Art Spiegelman. Dicho esto, es necesario señalar que el cómic español cuenta con autores de idéntica relevancia, se puede sugerir un precedente tan enorme como Vázquez, que labró su leyenda convertido en personaje de Bruguera, o citar pioneros como Carlos Giménez... y Ramón Boldú.

Tomé conciencia de que la autobiografía era uno de mis géneros favoritos leyendo las historias de Boldú que iban apareciendo seriadas en El Víbora. Eran lo primero que leía cada mes de la revista, entre otras cosas por una cuestión personal: soy hijo de la transición y el tardofranquismo pop. Mi familia no faltaba a su cita semanal con Interviú y, además, lo dejaba por ahí encima, a la vista, a mi alcance; también se compraba Lib, cuyos ejemplares apilaba uno de mis tíos en su habitación, medio escondidos tras un montón de libros de ciencia ficción. Así que mi educación incluyó conocimientos sobre las reinas del destape, los reportajes locos de Camacho, el emporio editorial de Antonio Asensio, los Peta-Zetas y Los sexcéntricos. Un poco más tarde también reconocí en los fracasos matrimoniales de Boldú la crónica de una generación, anterior a la mía, que de un día para otro saltó de la represión nacional católica al libertinaje erótico, del mes de María al ¡viva la Virgen!

Con aquellas viñetas también asumí, no nos vamos a engañar, que en mi interior habita un cotilla insaciable y que si el relato autobiográfico me encanta, más aún cuando es salvaje y sin vergüenza. Por eso Joe Matt o Chester Brown se colocaron en lo alto de mis preferencias, aunque siempre por debajo de Boldú. La diferencia es notable y sustancial, pues mientras los primeros se regodean en miserias propias, el segundo despliega las colectivas en un paisaje costumbrista que, encima, no puede ser más cercano porque es el nuestro.

En 2011 le hice una larga entrevista para Mondo Brutto, que fue recibida con gran regocijo por los lectores de la revista (más si desconocían su obra) y Boldú quedó tan contento que ahora me regala este prólogo; pero yo sufrí bastante porque mucho de lo que explicaba ya estaba en sus tebeos, y lo que no lo está en éste. Quise separar a la persona del personaje y resultó que era imposible porque ambos son el mismo.

Durante la entrevista no dejó de citar a Los sexcéntricos, y estoy seguro de que si llego a estar más rato me hubiera convencido para que fuera yo quien los editara. No exagero, sólo hay que leer lo que viene a continuación para comprobar que, por una vez, no miento. Al principio, un joven Boldú propone dibujar una historieta en la contraportada de Lib para ganarse un sobresueldo, pese a ser neófito en esto de las viñetas, y a partir de ahí se inicia una larga peripecia en pos de un álbum que las recopile algún día (aunque luego nos deje con las ganas de saber cómo engatusó a Astiberri para que, al fin, se lo publiquen). De todas sus novelas gráficas es ésta, por fin, la que hace del cómic patrio y la fauna que lo habita su epicentro, y pululan por sus páginas autores variopintos, de Carratalá al argentino José Muñoz, e incluso editores como Josep Maria Berenguer o Rafa Martínez. Y luego está Vázquez, cómo no. Boldú destapa una parte de la historia de nuestros tebeos (El Víbora, Calibre 38, El Jueves, El Barragán) con el mismo descaro que antes aplicó a Interviú y el Grupo Zeta, haciendo gala de dos de sus grandes virtudes. La primera es su condición de guionista extraordinario, que casi nunca se dice, cuando son pocos los que pueden hilvanar con tanta soltura ese abrir historias dentro de historias o cerrar flashbacks dentro de flashbacks. La segunda es que es un irresponsable, porque hay que ser muy insensato para resucitar al negro de Banyoles, que en paz descanse, o traer de vuelta el humor burro e incorrecto de los años del destape tal y como está el patio.

Daniel Ausente