"Bohemio pero abstemio". Una autobiografía autorizada de Ramón Boldú, un historietista que sabe retratar con justeza la vida cotidiana.

Diario de Avisos. 18 junio 1995

 

Bohemio pero abstemio.
Una autobiografía en cómic que conserva el frescor, la alegría y la osadía de una especie de cómic clave en el boom de la historieta de finales de los setenta y principios de los ochenta en España.

Diario El País. Mayo 1995

 

Una crónica desvergonzada de la transición

Nacido en la Segarra y emigrado de joven a Barcelona, Ramón Boldú fue a parar a uno de los observatorios desde donde mejor se pudieron ver y vivir los difíciles, y al mismo tiempo divertidos, años de la transición de la dictadura franquista hacia la democracia desmemoriada.
Eran los tiempos de la "apertura", el "destape" y la "ola de erotismo que nos invade"; eran los tiempos que triunfaban publicaciones tan horteras como la revista "Lib", una de las piedras angulares sobre las cuales se edificaba el grupo Z de Antonio Asensio. Y comentamos todo esto porque Boldú lo vivió en primera persona, y porque ahora se ha decidido a revelar aquellas aventuras chabacanas que, de algún modo, tanto contribuyeron a la consoladidación de la normalidad de un estado de derecho como el que se definía en este país.
La autobiografía "Bohemio pero abstemio" es ante todo un testimonio fidelísimo y despampanante de aquellas historias cotidianas y cutres vividas en la redacción de "Lib", inverosímiles en la forma, pero lógicas en el fondo, que vivió tan de cerca este narrador gráfico de guión atropellado y dibujo más atropellado aún, decididamente antipreciosista. Boldú es un humorista de pies a cabeza que sabe distribuir la mala leche y la sensibilidad a partes iguales. Pero si hay que reconocer alguna cualidad en este álbum es la sinceridad con que Boldú se autorretrata. Está claro que para desnudar los intríngulis de su generación de hippies más o menos reciclados, primero tenñia que desnudarse él mismo. Y así lo ha hecho. Incluso demasiado. Y eso hay que agradecérselo.

Serafí Mondass. El Triangle, 17 de Abril-95


La sana desfachatez de Ramón Boldú

Las cosas que uno piensa y que a uno le suceden son un material tan bueno como cualquier otro para construir una obra. Fíjense en Woody Allen. O en Nanni Moretti. O en Robert Crumb si no queremos salirnos del apasionante mundo del cómic. En España, a falta de un Crumb, tenemos a un Boldú. Y justo es reconocer que la desfachatez de nuestro Boldú no tiene nada que envidiar a la del maestro norteamericano retirado en un pueblecito del sur de Francia. A diferencia de Crumb, cosa que es de agradecer, Boldú no deja dibujar a su mujer. Prefiere utilizarla, a ella y a quien se le pone a tiro, para fabricar ese colosal himno al desastre, la caspa y el horror cotidiano que es Bohemio pero abstemio.

Boldú no tiene vergüenza y lo aprovecha todo. Cuidado con lo que le cuentan si se cruzan con él, porque un buen día puede encontrarse en las páginas de El Víbora formando parte de la autobiografía de este hombre cuyo principal rasgo de genio es la desfachatez tan absoluta con la que se enfrenta a los demás y, sobre todo, a sí mismo. En Bohemio pero abstemio asistimos a las cochambrosas andanzas del amigo Boldú en el mundo laboral, y no queda títere con cabeza. Desde la desfachatez, y no desde el rencor. Boldú recuerda sus comienzos y se instala, para nuestra alegría, en la época de la revista Lib, sin que le importe poner a caer de un burro al mismísimo Antonio Asensio. Con Boldú nadie queda ni bien ni mal parado; simplemente ahí queda, en las páginas de un tebeo. ¿Mala uva por su parte? No creo. Si así fuera, el autor se nos mostraría bajo una luz más favorecida: un tipo que, en una historieta, reconoce que un ventrílocuo se le corrió en la cara es un tipo al que, definitivamente, todo le da igual y no siente por sí mismo más respeto que el que le inspira el resto de la humanidad.
Con tanto cómic artificioso rodando por ahí, Bohemio pero abstemio tiene, con todos sus defectos, el valor de lo sincero. La vida de Boldú no es gran cosa, de acuerdo, pero el hombre lo explica con tal fatalismo, con tal desfachatez y con tal aceptación de las miserias propias y ajenas que la lectura de Bohemio pero abstemio resulta tan liberadora como una buena confesión de las de cuando íbamos a misa.

Ramón de España. Revista Viñetas, Abril 1995