Publicada en: Playground
Fecha: 2 abril 2017
Periodista: Victor Parkas (para PlayGround fancine)
Lugar: En un bar tranquilo del barrio de Sans (Barcelona)

Ramón Boldú en Playground Magazine

Ramón Boldú: “Si alguien se ríe con mis cómics, debería hacérselo mirar”

Ramón Boldú publica ‘Los Sexcéntricos’, un cómic autobiográfico con el que dinamita la industria editorial, desde la Transición hasta nuestros días

“Hace un rato, cuando estaba en el coche”, me dice Boldú, “venía pensando que, depende lo que pase hoy, quizás esta entrevista también la acabo contando en uno de mis tebeos”.

Ramón Boldú (Lleida, 1951) quizás no fuese el primer dibujante español en hacer tebeos autobiográficos —antes que él, Carlos Giménez y Manuel Vázquez hicieron lo propio en Paracuellos y Los cuentos del Tío Vázquez—; sin embargo, si en algo fue pionero nuestro entrevistado, es en trasladar al cómic patrio la sensibilidad del underground americano.

“Descubrir Maus fue inspirador”, dice Boldú del cómic de Art Spiegelman, en el que éste cuenta la experiencia de su padre en un campo de concentración. “Aunque a mí no me pasaban cosas tan serias, también me apetecía contarlas”. Así, en 1991 y tras quince años dedicado al humor gráfico, Boldú empezó a convertir su intimidad en cómic en la revista El Víbora, dando no solo un giro radical a su carrera, sino también a su vida.
Hay amigos míos que se han cabreado al verse dentro de uno de mis cómics”, confiesa Boldú. “Hubo uno, Camacho, al que su hijo un día le dice: ‘Papá, estoy saliendo en El Víbora’. Se vio a sí mismo, de pequeño, apareciendo por sorpresa en una de nuestras bacanales, dónde nos enrollábamos todos con todos”. El desvelado hijo de Camacho, esa noche, solo quería 100 pesetas para un bocadillo; años más tarde descubría, a la fuerza, la actividad sexual de su padre.
En Los Sexcéntricos, el nuevo álbum de Boldú, también hay amagos de pornografía confesional, pero ya no solo utilizando como mimbres su vida privada y la de sus allegados, sino también su propia carrera profesional. “En mis trabajos anteriores, había contado algunas cosas de Interviú y del Grupo Zeta; pero, entonces, el grueso de las cosas que dibujaba eran sobre gente que no leía cómics”, recuerda el autor. “En Los Sexcéntricos, en cambio, cuento los tejemanajes entre las distintas editoriales para las que he trabajado”.
“Todo lo que cuento es verdad”, añade. “Y sé que alguien se va a cabrear”.
Los Sexcéntricos era el nombre de la primera obra gráfica de Boldú: una tira humorística que se publicaba, semana a semana, en la contraportada de la revista erótica LIB. “Llevaba tiempo queriendo reeditar Los Sexcéntricos”, me explica Boldú, “pero, como cuento en el cómic, no di con los originales hasta pasados muchos años”. Aunque la primera idea del dibujante fue hacer una reedición al uso, se dio cuenta que eso chocaría frontalmente con su status quo artístico. “Ahora estoy inmerso en explicar mi vida”, dice; “no podría reeditarlos sin más”.
Así, Los Sexcéntricos no solo recupera las 71 planchas originales de Boldú, sino que intercala episodios autobiográficos para ponerlas en contexto; el cómic, así, funciona como radiografía del mundo editorial, desde la Transición hasta nuestros días. “Ahora mismo es cuando más libertad hay en la industria del cómic”, dice, un autor que no solo se topó con la censura, sino con querellas de todo tipo. “Las primeras fueron por Los Sexcéntricos”, recuerda, “se me acusaba de delitos contra la moral y las buenas costumbres”.

En ‘Los Sexcéntricos’ hay vetos editoriales, huelgas de dibujantes, boicots entre empresas rivales y cartas de despido, casi siempre, con el nombre de Boldú en ellas

Tras esas primeras denuncias, vinieron más; las últimas, como era de prever, por gente que se sentía ultrajada al toparse consigo misma, caricaturizada, en un cómic de Ramón. “Cuando algo de lo que quiero dibujar puede llegar a dañar a alguien, no lo dibujo”, dice el autor, insistiendo en que, cuando se encuentra con alguna situación sensible, trata de maquillar a los implicados. “En Los Sexcéntricos mismo, hay gente con el nombre cambiado”, revela. “A los abogados, por ejemplo, siempre les has de poner otro nombre”, bromea. 
Pero, ¿tan explosivo es el contenido de los cómics de Boldú? Daniel Ausente, desde el prólogo de Los Sexcéntricos, nos responde así: “Mientras los primeros (Joe Matt y Chester Brown) se regodean en miserias propias, el segundo (Ramón Boldú) despliega las colectivas”. Las colectivas, en este nuevo cómic, serán las del Grupo Zeta antes de ser el Grupo Zeta; las de revistas como LIB, El Jueves, El Víbora o El Barragán; en definitiva, las de todos los recovecos editoriales por los que se ha movido Boldú a lo largo de su carrera.

Los Sexcéntricos, más que un cómic, es una carga de dinamita —sobre todo, teniendo en cuenta que se lanza durante el Salón del Cómic de Barcelona. En sus páginas, Boldú destapa la intimidad, muchas veces incómoda, de cada una de sus empresas empleadoras desde 1976: en Los Sexcéntricos hay vetos editoriales, huelgas de dibujantes, boicots entre empresas rivales y cartas de despido, casi siempre, con el nombre de Boldú en ellas. Hacia el final del cómic, el antes mentado Vázquez aparece comiendo con Boldú, hablándole de unos “mafiosillos” que le quieren financiar una revista.
—¿Mafiosillos?
—Sí, bueno, ya sabes: ni más ni menos que una editorial normal y corriente.

Cuando algo de lo que quiero dibujar puede llegar a dañar a alguien, no lo dibujo

“Creo que esa frase de Vázquez es un buen resumen para lo que cuento en Los Sexcéntricos”, reconoce Boldú. El dibujante de Anacleto y Ramón coincidieron por primera vez en la revista El Barragán. “Tuve una bronca monumental con él, porque, estando yo al mando, le querían traspasar a Vázquez la dirección de la revista”. En el cómic, dichas diferencias se resuelven a puñetazo limpio. “Hubo más que gritos en esa reunión”, continúa, “pero luego fuimos a tomar una cerveza y nos hicimos súper amigos”.
Aunque son dibujantes y editores la fauna dominante en Los Sexcéntricos, Boldú no descuida sus miserias sentimentales en este nuevo libro. “Ésta es mi ex… Ésta es mi otra ex…”, me dice, mientras hojea el álbum. “Mi hija, que ahora tiene 40 años, le preguntó una vez a mi exmujer que si lo que contaba yo en mis cómics era verdad; cuando le dijo que sí, que lo era, me pidió que dejase de contar intimidades de su madre en mis tebeos”, relata Boldú, “así que me dije: bueno, cuento un par de cosas más que me faltan, y ya paro”.
¿Cómo excusó su hija una petición de ese tipo? Según recuerda Ramón, las palabras exactas fueron: “Creo que soy la única hija que sabe toda la vida sexual de sus padres”.
“Aunque cuente las cosas en clave de humor”, reflexiona Ramón, “yo, en mis cómics, trabajo con dramas. Cuando a mí me despedían de alguna editorial, por ejemplo, me sentía completamente hundido”, asegura. “Si alguien se ríe con mis cómics, debería hacérselo mirar”, determina, un autor capaz de utilizar funerales y divorcios como materia prima para erigir álbumes enteros. “Para mí, reírte leyendo mis cómics es lo mismo que reírte de un jorobado”.
“Al final, uno hace ficción autobiográfica para sentirse menos solo”, puntualiza Boldú, que en la época pre-internet decía recibir cartas de lectoras con proposiciones indecentes. “Recortaban viñetas en la que aparecía yo dibujado, muy guapo, y me preguntaban si era realmente así”, recuerda, entre risas. ¿Facebook ha dado continuidad a esa práctica? “No, pero me permite buscar a gente que quiero meter en un cómic, pero de la que no recuerdo la cara”, responde. “Incluso me contactó uno de los ‘mafiosillos’ de los que hablaba Vázquez”.
Y es que, ¿cómo no iba a dar con él? “Soy el autor del mundo con más autorretratos”.