Publicada en: el libro-catálogo para la exposición "12x21, doce dibujantes para el siglo XXI" que se realizó en El Palacio de la Virreina de Barcelona.
Fecha: abril de 1998
Periodista: Ignacio Vidal-Folch
Circunstancias: me entrevistó en el bar Mauri de la calle Aribau esquina con Provenza.

 

Ramón Boldú (Tarroja, Lérida, 1951) irrumpió tarde en el panorama de la historieta, pero de una forma arrolladora. Nunca en el mundo se había visto a un narrador que con tal sentido del humor y tan absoluta carencia de pudor o vergüenza recrease su propio pasado sentimental y sexual.

-¿Su vida es tan loca como la cuenta?

-Más.

-¿Por qué?

-Piense que mi escuela de humanidades fue la revista Lib. Durante años fui su director de arte. Era joven, inocentón, programador de ordenadores y analista de sistemas. Pero me presenté en Interviú con unos chistes, les gustaron y se quedaron conmigo. Era la época de la transición, cuando Royuela nos amenazaba, Susana Estrada era un fenómeno de masas, Bibi Andersen empezaba a ser travesti. Yo, en la redacción, me pasaba el día alucinando con lo que veía alrededor. De las experiencias de esos años salió el álbum Bohemio pero abstemio. Y dentro de unos meses aparecerán las Memorias de un hombre de segunda mano, donde explico los líos de mi divorcio, las persecuciones del ex-marido de mi nueva esposa, etcétera.

-¿Cómo es que cuenta con tanta alegría episodios que el común de los mortales procuraría olvidar?

-Bueno, han pasado entre diez y quince años desde que aquellas cosas ocurrieron. Puedo reírme de mí mismo porque es como si le hubieran pasado a otro. Mi vida es mi propio material narrativo, como hace Woody Allen, o mejor Robert Crumb, porque Allen retrata a las personas de alrededor, sus familiares y amigos, mientras que Crumb y yo preferimos hablar de lo que nos pasa directamente a nosotros.

-Alguna vez le han denunciado en los juzgados, por demasiado explícito.

-Eso ya no me arredra. En la época de Lib, durante seis o siete años yo dibujé la contraportada, con unas historietas que se llamaban "Los sexcéntricos", que-por cierto- van a aparecer en álbum junto con las cosas que he ido publicando por ahí durante todo este tiempo, y que están un poco desperdigadas: mis colaboraciones en Barragán, en El Jueves, etcétera. Bueno, durante aquellos seis años me cayeron veinte denuncias por atentado a la moral y las buenas costumbres. Y siempre salí con bien.

-Bueno, la transición fue una época especialmente caótica. Pero luego volvió el orden. ¿Teme quedarse sin anécdotas para sus historias?

-No, ahora mismo me están pasando cosas que en el futuro podré contar. Es que voy por la vida de inocente y me gusta vivir las cosas a tope, como experiencias interesantes de las que algo saldrá. Por ejemplo, mi próxima historia, "Diario íntimo de un inocente", explica que el hijo de mi mujer tiene que ir a la mili, las trampas que hicimos para que se librase, lo que vi en Zaragoza cuando le acompañé allí… Y, de hecho, tengo el proyecto de un álbum que se titulará La historia de mis historias, porque la misma publicación de mis cómics ha promovido pequeños acontecimientos alucinantes. La gente me lee y luego me llama, me escribe, se me confiesa: "¿Sabes?", me dicen, "a mí me pasó una cosa parecida pero más fuerte". Y me cuentan cosas increíbles. La gente supuestamente normal tiene una vida de lo más loca.

-Creo que ahora tiene una actividad docente relativa a los tebeos.

-Sí, periódicamente vienen unos chicos jóvenes a casa a enseñarme las virguerías que dibujan y, en la medida que puedo, les doy consejos sobre la mejor forma de hacer tebeos. Que no es la manera canónica.

-Qué les aconseja?

-Les recuerdo que el cómic es un medio que se lee, y les aconsejo que conciban el dibujo como mero apoyo del texto. Les digo que los cómics de acción están superados por el cine, que ofrece más acción y más verosímil. Hay que ir a ganar a los lectores de libros, no a los espectadores de cine. Les doy el siguiente consejo: antes de ponerse a dibujar, hay que decidir qué es lo que uno quiere contar, qué le indigna o qué es lo que le gusta. Luego hay que pensar: ¿cómo podría contar eso, con qué clase de historia, ambientada en qué fechas, en qué ambientes? De estas reflexiones debe salir un guión de tres líneas que diga: "Esto pasa en tal o cual época por tal o cual motivo".

-¿Así opera usted?

-Sí, antes de empezar a dibujar Bohemio…, que es mi puesta de largo como autor, me pasé horas grabando en un casete las cosas de mi vida que me parecían interesantes. Luego las pasé a máquina. Sobre esos folios, elegí las historias más prometedoras. Y de ahí nacieron mis primeras Historietas.

-Parece un sistema razonable.

-Es que dibujar encuadres impresionantes está bien, pero no garantiza que ninguna historieta sea interesante. No hay que hacer tanto hincapié en el dibujo.

-¿Cómo nacin me gustaron siempre ueco que publicro no garantiza que ninguna historieta sea interesante. No hay que hacer tanto incapinerse ó el suyo, su estilo?

-Me gustaba mucho Nitka, un dibujante sueco que publicábamos en Lib. También me gustaron siempre Wolinski, Reiser, los dibujantes esquemáticos del Hara-Kiri francés. Y, naturalmente, el Benejam del TBO: es fabulosa la naturalidad que con dos líneas les daba a los personajes. Al final de todo eso salió mi estilo, este dibujo humorístico con mucha plasticidad y dinamismo. Pero puedo cambiar, y de hecho lo hice años atrás, siempre que me lo pedían. Humorístico, realista… Cuando quise publicar en El Víbora, empecé con "Mario Gamma", un personaje gráficamente muy trabajado, pero tardaba una semana en acabar cada página y era frustrante, porque las ideas me corrían más que la mano, y tenía que renunciar a ellas. Ahora simplifico cada vez más. Cuando planteo una historia, sé lo que quiero contar en ella, y no me importa que "sobre texto" por todas partes. Si puedo, explico las cosas con el dibujo, y si no, con palabras. El grafismo no me interesa.

-Ahora está preparando un serial televisivo.

-Se llama "Jacques Mat", y el protagonista es mi alter ego, más psicodélico que en los tebeos. Soy un padre soltero que no recuerda quién es la madre. Hablo con Dios, que va vestido de Elvis, nos vamos de parranda y me ayuda en lo que puede…

-¿Hay gran diferencia entre lo que escribe para la televisión y lo que hace en cómic?

-También pinto. Pero el cómic es el medio que me da menos pasta y, sin embargo, el que más me interesa. En la televisión, el guión original se transforma mucho cuando llega al resultado final, a la emisión. El productor, los actores, el montador, el director… ¡todo el mundo mete mano en la historia que has escrito! En cambio, sobre las páginas de cómic el autor tiene el control absoluto. Y creo que el cómic es algo nuevo en la historia de la humanidad. Ahora está en crisis, paro quizá la gente vuelva a él en el futuro. ¡Y entonces, nosotros seremos los cásicos!

Ignacio Vidal-Folch