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Fecha: 18 de diciembre de 2018
Periodista: Yexus
Lugar: por correo y teléfono
Titular: Ramón Boldú, guionista y dibujante de primera mano

Ramón Boldú, guionista y dibujante de primera mano

Mucho antes de que la novela gráfica tomara carta de naturaleza en nuestro país, Ramón Boldú ya mostraba en las viñetas sus intimidades vitales sin ningún pudor y con absoluto descaro.

Primero en revistas y después en monográficos como 'Bohemio pero abstemio', 'El arte de criar malvas' O 'Sexo, amor y pistachos', ha narrado su propia vida en clave de comedia a la vez que ha elaborado un ácido retrato de la sociedad española desde los años ochenta hasta el presente.

Seis títulos conforman el recorrido por sus agitadas peripecias, a los que se suma una recién reeditada biografía de Miguel Hernández escrita en colaboración con Ramón Pereira y titulada 'La voz que no cesa'.

Fuiste un pionero en el cómic autobiográfico ¿Cómo te decidiste a realizar historietas sobre tu propia vida?

En Los sexcéntricos, una serie de historietas de cuatro viñetas que aparecían en la contraportada de una revista llamada Lib, algunas veces y en tono humor ya utilizaba hechos, frases, o situaciones inspiradas en lo que había vivido. Dibujé una historieta semanal desde 1976 hasta 1983.

Y cuando entré a trabajar en la revista El Víbora, en el 88, creé un personaje, un aventurero que era como mi alter ego, aunque en lugar de aficionado a dibujar cómics le gustaba ir en moto. Pero las conversaciones y algunos pasajes de sus historias ya estaba inspiradas en cosas que me habían sucedido, aunque muy exageradas, y con finales mas esperpénticos que los de verdad. Además, mi personaje no se llamaba como yo, sino Mario Gamma "El Griego".

Entonces, justo cuando salió el álbum recopilatorio de esta serie, cayó en mis manos Maus. Sería el año 1990 y a Art Spiegelman no le habían dado aún el Pulitzer por esta obra. Pero yo la conocí porque al estar trabajando en Ediciones La Cúpula, donde yo ejercía de director de arte de la revista El Víbora; era muy fácil que cayeran en mis manos las últimas obras que se cocían por aquel entonces. Y Maus me impresionó, con aquella realidad que contaba Art Spiegelman sobre su padre, y lo de los nazis, la guerra… Y yo pensé: "pero si a mí también me han ocurrido un montón de cosas dignas de contar, aunque no sean tan serias". Y me lancé a contar mi vida tal cual, con mi propio nombre y apellidos, sin tapujos, para que la gente se pudiera reír de mí a gusto. Y sigo contándola sin parar desde hace ya la friolera de 27 años.

Utilizas el humor para hablar de temas bastante serios o muy poco risibles, ¿no?

Normalmente suelo contar cosas que me han ocurrido hace algún tiempo, por lo que me resulta más fácil reírme de mi mismo y de mis circunstancias. Cuando me ocurre algo muy fuerte, que a otros igual les podría llevar a una depresión, pienso que podré utilizarlo para contárselo a mis lectores y ya no me veo tan solo. Es como si en mi vida siempre estuviese acompañado por mis lectores.

Otra cosa que sorprendió en tus obras fue el desparpajo a la hora de describir las relaciones sexuales ajenas y propias...

Cuando decidí comenzar a contar mi vida pensé que la contaría tal cual, incluso cosas que nadie se atrevería a contar hoy en día. Pienso que lo que hoy escandaliza mañana ya no lo hará, y que eso ha ocurrido siempre. Imaginaos por lo que se escandalizaba la gente a principios del siglo XX en lo referente al sexo.

¿Has tenido problemas por mostrar determinados hechos y personas reales?

Sí, muchos. Ya llevo más de veinte querellas en mi haber. Algunas personas me las han puesto porque dicen que los que salen en mis historietas son ellos. Aunque en el cómic se llaman de otra manera, pero en fin…

A nivel gráfico, está claro que te importa más la pura narratividad que la estética, ¿no?

Sí. Al contrario de con Mario Gamma "El Griego", donde lo hacia todo en acrílicos, a tamaño muy grande y con mucho detalle. Cada semana sólo llegaba a realizar una página. En este plan, todavía estaría dibujando mi primer libro de mi vida. ¿Cómo lo he podido hacer? Pues usando un dibujo simple y expresivo pero rápido, como si escribiera, integrado en el texto y formando parte del mismo. Que es en realidad lo que viene a ser un cómic.

¿Qué te impulsó a cambiar totalmente de registro para narrar la vida de Miguel Hernández en La voz que no cesa?

Estaba en medio de la La vida es un tango y te piso bailando, cuando vino Ramón Pereira con la idea de contar la vida del poeta. Al principio me dijo que si podía hacer cuatro paginitas, pero luego la editorial me propuso que lo dibujara entero. Yo me lo pensé, pues estaba en mitad de mi libro autobiográfico pero, en fin, Miguel Hernández es uno de mis poetas preferidos y accedí a dibujarlo. Realizamos el guion entre los dos pero no puede contenerme y puse mucho de mis experiencias en él, usando algunos diálogos reales. Por ejemplo: Miguel Hernández tuvo un padre autoritario que no quería que su hijo se dedicara a escribir. Y el mío, lo mismo: no quería que me dedicase a dibujar cómics.

En cuanto lo acabé, seguí con La vida es un tango y te piso bailando, que por casualidad también trata de la guerra y de todo lo que me explicó mi padre que le ocurrió en ella, a él y a toda nuestra familia.

Ya has contado tu vida hasta la actualidad. ¿Qué te queda por contar ahora?

El último libro, también autobiográfico y que ha salido este año, es Los sexcéntricos, de la creación al calvario, en el que hablo de cuando dibujaba esa serie y de mis inicios en las editoriales. De la gente que he conocido en el mundo del cómic: de mi amistad con el famoso Vázquez, de Barragán, también sale Silvio Berlusconi… Todo un repaso por mi deambular por distintas editoriales, que si el Grupo Z, que si El Jueves, que si… En fin, un montón de historias de revistas que nacieron y desaparecieron y que yo viví desde dentro. Este último libro ha sido como un broche final a todo lo que he estado contando hasta la fecha.

¿Y ahora qué, me preguntan? Pues ya tengo 66 años… ¿Qué me falta por contar y vivir?... Pues el viaje al más allá. Aunque es autobiográfico no es que haya ido al más allá y ahora vuelva y lo cuente; es que aún me faltaba por hablar de mis aventuras terroríficas en la tele, donde trabajé una temporada de guionista. Allí conocí a un investigador de la NASA, nos hicimos amigos y me enteré de muchas cosas, de investigaciones sobre el más allá que nadie sospecha. Acojonante. Va a ser una tetralogía de mil páginas, ya tengo el guion realizado completamente, y he comenzado a dibujar como un poseso.