Publicada en: http://cinefilicoanonimo.wordpress.com/2011/01/21/entrevista-a-ramon-boldu-dibujante-bohemio/
Fecha: 21 Enero 2011
Periodista: Ricard Nolla
Lugar: en un bar
Circunstancias: hacía poco que se había publicado "Sexo, amor y pistachos"
Titular: Entrevista a Ramón Boldú, dibujante bohemio

 

Ramón Boldú es muy buen entrevistado (ideal para entrevistadores que vamos dormidos a hacer nuestro trabajo, y luego no podemos decir ni dos frases sin hacer un ehm…) Antes de empezar ya me estaba respondiendo la primera pregunta, ¡y eso que todavía no se la había hecho! “En los cómics utilizo muchos trucos de guionista de cine, hay que procurar que no haya ninguna pausa en el relato en la cuál el lector se aburra y pueda parar de leer. Suelo terminar las páginas de tal forma que inconscientemente el lector sienta la necesidad de pasar a la siguiente”. Y es que en los últimos tiempos Boldú – quien se declara muy fan de Woody Allen “tanto si lo hace bien como si lo hace mal, porque siempre es él”, y de Stanley Kubrick “que todo lo que hacía era diferente, cuando se cansaba de una cosa pasaba a otra” – se ha vinculado mucho al mundo del cine, sin ir más lejos, el director Jose Maria Blanco se interesó en hacer una adaptación para la gran pantalla de sus experiencias vividas y contadas en los cómics Bohemio pero abstemio y Memorias de un hombre de segunda mano. “En casa tengo un guión, con todos los aspectos técnicos, planos, diálogos… ya preparado para empezar a gravar”, pero “estas cosas se empiezan a hablar y luego la gente se olvida”. Al mismo tiempo, también preparó un proyecto de serie de televisión, se trata de “la historia de mi alter ego, un tipo que escribe guiones televisivos sobre su vida. La gracia es ver el contraste entre lo que cuenta el personaje sobre sí mismo en los guiones, y la realidad, que es mucho más cutre”. Hay un episodio piloto gravado, pero el proyecto no se concretó jamás, “ya explicaré porque se quedó colgado, es muy fuerte”.

Así es que todavía tendremos que esperar un tiempo para ver las pecualiares vivencias de Boldú en el cine, de momento “tengo contacto con algunos cineastas a los que les gusta mi trabajo, no sé si finalmente saldrá algo o no”. Tal vez se refiera a Santiago Segura, quien ha escrito el prólogo de El arte de criar malvas, uno de los libros más recientes de Boldú, publicado recientemente después de diez años de silencio. De todas formas no es nada extraño que alguien se plantee llevar a la pantalla uno de sus cómics, porque “me lo miro todo como una película. Cuando voy por la vida me imagino que llevo una cámara al hombro y pienso: ¡ya veras cuando la gente se entere de esto! Así me siento permanentemente acompañado”, y añade “al final procuro que la gente disfrute igual leyendo mis cómics que viendo una película en el cine, si un productor quiere adaptar mi obra se encuentra con gran parte del trabajo hecho (localizaciones, diálogos, story board…)”.

¿Hacemos una porno?

El sexo es el tema más recurrente en las historias de Boldú, “a veces me dicen: oh, es que tus comics tratan siempre de sexo y tal… Y yo les digo, hombre, es una de las cosas de la vida”. Supongo que el hecho de haber sido durante años director de arte en la histórica revista Lib, una revista erótica de la transición cachonda donde las haya, y luego haber seguido vinculado a publicaciones de adultos como el ya extinto Víbora, El Jueves, o más recientemente, Penthouse, ha influido lo suyo. “Yo hablo de lo que me he ido encontrando en la vida, quiero que los lectores alucinen lo mismo que he alucinado yo”. No obstante, afirma que “no utilizo el sexo por el hecho del porno en sí, lo utilizo para contar historias peculiares, que se salen de lo normal”, y “más que sexo, mis cómics son de comedia sexual. En lo que se refiere al sexo hay toda una paranoia que hace gracia”. Así lo atestiguan Los Sexcéntricos, sus personajes creados para el Lib, que actualmente se publican en la revista Penthouse.

El nuevo libro de Boldú, titulado Sexo, amor y pistachos, trata sobre su reciente experiencia en el mundo del cine porno. “Hace unos años me llamaron de Private para arreglar el guión de una peli porno -The uranus experiment-, estuve tres semanas trabajando en aquella producción para ver como funcionaba todo en este mundillo. Cosas muy cachondas”. El libro salió a la venta el pasado 3 de diciembre.

Intimidad, ¿Para qué?

Boldú no es nada pelota con las productoras de cine porno ni con nadie, ni siquiera consigo mismo. Los lectores podemos disfrutar de sus momentos más íntimos (familiares, laborales, sexuales…), incluso de historias que a nadie le gustaría que fueran de dominio público. “A veces pienso ¿esto hay que contarlo? porque yo mismo quedo muy mal, pero luego me acuerdo de que hace veinte años lo contaba todo y ahora no puedo bajar el listón”. Pero, ¿Es fiel a la realidad? “Queda muy antipático esto de pintarte como si tu fueras el Rey del mambo y reírte de todo el mundo. Para contar tu historia y todo lo que te rodea tienes que poner una cierta distancia, por ejemplo, el libro que más me ha costado ha sido el último (El arte de criar malvas) porque cuento todo mi divorcio. Lo escribí mientras lo estaba viviendo y luego me dí cuenta de que era demasiado egocéntrico”.

Entonces, ¿no hay que ser egocéntrico para contar la vida de uno mismo? “Mucha gente, cuando se entera de que hago cómics, me pasa la historia de su vida. Una vez un ex cura me pasó un tocho de 500 páginas donde contaba toda la mierda que había vivido en sus años de seminario. Pero es que todo el relato era él, él y sólo él. A mi me gusta pensar que todo el mundo tiene historias tan importantes o más que la mía. No soy un plañidero que se cree que es el que más sufre en este mundo, lo que sufro yo no tiene ninguna importancia. De hecho, estoy de puta madre, cada vez que me ocurre algo empiezo de nuevo, y siempre hay que tener una perspectiva de futuro”. Pero una cosa es contar la propia intimidad, y otra es implicar a las personas de tu entorno, con nombres y apellidos, algo que a Boldú le ha llevado a juicio más de una vez. “Siempre pienso que la gente no se enterará porque no leerán mis cómics, pero se enteran. A veces les cambio el nombre, pero me suena mal, los tengo tan asumidos que no puedo hacer otra cosa que ponerles su nombre real”. Sin embargo, no siempre se puede contar todo: “Hay una historia con Asencio (editor de Interviu) y Berlusconi de la época del Lib que no pude contar ya que no tenía pruebas. Si hubiese tenido que demostrarlo delante de un Tribunal no hubiese podido”.

¿Tanto esfuerzo para esto?

Si una cosa me ha llamado la atención de las historietas llenas de humor y sátira de este autor catalán, no es nada de lo que cuenta (que ya tiene tela….) ni el hecho de que sea mejor cronista que muchos periodistas. Lo que más me ha sorprendido es la filosofía que se desprende de sus páginas, pues está claro que Boldú no es el tipo de persona que se viene a bajo cuando algo no le sale a pedir de boca. “Lo mejor es tomárselo todo con la más absoluta normalidad”.
Uno podría definir a su personaje como un antihéroe, un tipo – buen tipo, eso sí- con una moral propia, al que le trae sin cuidado lo que diga la gente. Vive su vida “de libertinaje” o “de anacoreta” (depende de como se mire), siguiendo sus impulsos y sin pararse a pensar que está rompiendo muchos tabúes a penas siendo consciente. Como casi todo lo que cuenta son relatos de fracasos (eso sí, des de una perspectiva humorística, en un tono distendido que no se toma nada en serio), incluso se le podría definir como un clásico perdedor. ¡Error!, yo digo que es un ganador, alguien que a pesar de que “la vida siempre se pierde” se ha divertido muchísimo. Y es que “lo importante es no mirar el final, lo que hay que hacer es disfrutar recorriendo tu camino. Si piensas en un objetivo, una meta, cuando llegas te das cuenta de que no había para tanto, y dices: ¿tanto esfuerzo para esto?”. En cuanto al arte, también recomienda “ser uno mismo” y no “procurar hacer lo que más vende”. Sus cómics atestiguan que así es como ha vivido siempre, y así es como los lectores queremos que nos siga contando su vida, des de una perspectiva terriblemente personal.

Ricard Nolla.