Publicada en: http://absencito.blogspot.com.es/2008/12/entrevista-ramn-bold.html
Fecha: 23 diciembre 2008
Periodista: Sr. Ausente
Circunstancias: recién publicado mi cómic "El arte de criar malvas"

 

Ramón Boldú es grande, muy grande, y su regreso con El arte de criar malvas (Astiberri, 2008) la mejor sorpresa que me ha dado en tebeo patrio este año. Pionero de la autobiografía gamberra, en Bohemio pero abstemio (La Cúpula, 1995) explicaba su infancia y sus hilarantes anécdotas trabajando para la revista LIB, además de los entresijos editoriales de la editorial Zeta de la transición; y en Memorias de un hombre de segunda mano (Glénat, 1998) su primer divorcio. Ambas series se publicaron previamente en El Víbora por entregas y recuerdo que era lo primero que leía de la revista, nada más comprarla, y es que con Boldú disfrutaba muchísimo y era casi mi favorito (y tengan en cuenta que estamos hablando de una época particularmente dulce de la revista) .

Pero El Víbora cerró y poco antes Boldú ya había desaparecido de sus páginas, y yo, que era fan incondicional, a lo largo de una década me fui olvidando poco a poco su existencia hasta que hace unas semanas me enteré de la inminencia de un nuevo álbum, completamente inédito, en el que proseguía con sus peripecias autobiográficas, en concreto narrando su segundo divorcio. La impaciencia se apoderó de mí, me abalancé sobre la novedad editorial nada más aparecer y la disfruté de inmediato. El arte de criar malvas es Boldú en plena forma, narrativamente menos caótico, menos brusco, pero sin perder ese demoledor descreimiento para consigo mismo y quienes le rodean. Me lo pasé tan bien con la lectura de las nuevas aventuras de Boldú que fue cerrar el álbum y ponerme a releer su obra anterior con las mismas ganas que antaño.

Dejo a continuación una trascripción de la entrevista que hace unos días Txell Bonet y yo le hicimos en directo en la sección dedicada a la historieta del Cabaret Elèctric; la original es en catalán y pueden descargar la versión audio aquí. Es una entrevista breve, ya que le hubiera preguntado un porrón de cosas más, pero fue un placer conocerle y hablar un rato con él.

Cabaret: Hola Ramón, leyendo tus historias autobiográficas una pregunta surge de inmediato: ¿Cómo reacciona la gente que aparece en tus historietas?

Ramón Boldú: Reacciona diferente. Los hay que no se enteran porque no leen tebeos. Esto, con los primeros, era lo más frecuente, y aún así tuve casi una veintena de querellas. En este nuevo álbum he cambiado nombres, y aunque hay personas que se han reconocido, si ponen una querella todo el mundo sabrá que son ellos. Pero también tengo que decir que hay quien me ha comentado que tiene Memorias de un hombre de segunda mano como libro de cabecera. “Me ha pasado lo mismo”-me dicen-, “me separé, el chaval se quedó conmigo y yo me lo tomaba en plan depre, pero cuando leí el cómic decidí tomármelo como tú”. Eso me lo ha dicho más de uno y me gusta porque veo que ha servido para algo. Es curioso, porque luego la gente de los medios, los periodistas, prefieren Bohemio pero abstemio.

Cabaret: El humor con que afrontas tu autobiografía es impresionante. Dices ser un hombre sin imaginación y que eso te obliga a basarte en hechos reales, pero claro, te pasan unas historias sorprendentes e incluso hay quien pensará que tienes una vida interesante.

Ramón Boldú: Una vida interesante es la del científico que descubre una cura para el sida. La gente me dice “cómo me he reído con tu cómic”, pero luego profundizan y se dan cuenta de que en el fondo es un drama. Hacer comics me sirve para sobrellevar ese drama; primero fue sin querer y ahora que ya sé de qué va lo utilizo, es como si tuviera una cámara a mi al lado y, pase lo que pase, sé que estoy siempre acompañado y, por malo que sea lo que me suceda, pienso que al menos me servirá para explicarlo y que me lo tengo que tomar lo mejor que pueda.

Cabaret: Pero a tu alrededor se congregan una serie de personajes un tanto especiales.

Ramón Boldú: Creo que son personajes bastante normales.

Cabaret: Hombre, conocer unos fans que para celebrar su despedida de soltero te propongan participar en un trío...

Ramón Boldú: Bueno, es que habían leído los álbumes anteriores y sabían de qué iba la cosa.

Cabaret: ¿El tipo de lectores te llegaban de El Víbora?

Ramón Boldú: A "El Víbora" lo que me llegaban eran querellas por fax. Ahora que estoy trabajando en la reedición de ese material alucino cuando veo las cosas que explicaba. ¿Cómo pude explicar todo eso? Y claro, me encuentro con que no puedo bajar el listón. Los años, la edad, hacen que tenga el impulso de reservarme un poco más, pero luego me digo “No tío”. Cosas que hace un siglo producían escándalo hoy nos parecen normales, así que creo que lo que yo pueda explicar hoy, cuando se lea en el futuro parecerá una tontería.

Cabaret: Bohemio pero abstemio y Memorias de un hombre de segunda mano son difíciles de encontrar, especialmente el segundo, y por eso Astiberri los reeditará el año que viene; pero quien no conozca tu obra debe saber que El arte de criar malvas se puede leer y disfrutar perfectamente sin conocer tus autobiografías anteriores.

Ramón Boldú: Lo que se explica en Bohemio pero abstemio y Memorias de un hombre de segunda mano llega hasta 1982, y lo conté quince años después. Ahora ha sido la primera vez que he trabajado con hechos más recientes. Antes me miraba con más distancia y me era más fácil reírme de lo jipi que era y de las cosas que hacía. Con El arte de criar malvas he explicado sucesos de 2000-2002 y me ha costado más porque la distancia es menor. No sé si es nota. He intentado criticarme y reírme de mí mismo pero por una cuestión de edad me ha costado más.

Cabaret: En El arte de criar malvas la forma de afrontar el guión es otra y juegas incluso a incluir un cómic dentro de un cómic, Hasta que la muerte nos separe, donde cambias un poco el estilo de dibujo y todo.

Ramón Boldú: Y el color. Es la primera vez que publico un álbum a color. Me ha servido para diferenciar la historia central, en la que a mis cincuenta años me veo obligado a instalarme de nuevo en casa de mis padres acompañado de mi hijo, de la historieta que estoy haciendo en esos momentos, y que he incluido dentro del álbum, en blanco y negro.

Cabaret: ¿Lo haces todo a mano o utilizas el ordenador?

Ramón Boldú: El coloreado está realizado con ordenador, el resto a mano, incluso los textos. Probé cientos de tipografías diferentes pero no era lo mismo, así que al final los escribí como siempre. Mezclo mucho el texto con el dibujo.

Cabaret: Se hubiera notado porque incluyes mucho texto, sobre todo en los dos álbumes anteriores.

Ramón Boldú: En los antiguos era más gamberro, y cuando comenzaba una página lo hacía sin preparar nada, partiendo de cero. Ahora lo he planificado todo previamente, como si fuera una película. Y todo lo que explico es real en un 90%; el otro 10% también, pero son modificaciones que sirven para ligar secuencias, para narrar mejor.

Cabaret: No todo es sexo y desventuras personales. Explicas que de pequeño te plantaste un buen día en la redacción del TBO.

Ramón Boldú: Nadie de mi familia pintaba ni dibujaba ni nada, pero yo siempre tuve un lápiz en las manos. De pequeño sacaba malas notas en literatura, pero me parecía muy sencillo explicar cosas mediante dibujos. Con doce años fui al TBO y me dijeron “mira, tú de momento ponte a estudiar que cuando seas más mayor ya verás si te puedes dedicar a esto”. Y fui dando tumbos hasta que a los veinte comencé a publicar en el LIB.

Cabaret: Del TBO a una revista erótica como el LIB hay un buen salto.

Ramón Boldú: Durante siete años publiqué una historieta semanal, Los sexcéntricos, en la contraportada de LIB.

Cabaret: Eso son muchas páginas. ¿Nadie se ha interesado por ese material?

Ramón Boldú: En Internet hay alguna página.

Cabaret: En El arte de criar malvas encontramos algunas de tus constantes: sexo, humor bestia, una visión crítica de ti mismo; pero también eres detallista. Te dibujas leyendo El Hombre Enmascarado o, en profundidad de campo, aparecen parejas que se besan.

Ramón Boldú: Es para contrastar con lo que me pasa: mientras busco una vida normal, por la calle veo gente que tiene esa vida. A mi alrededor veo parejas que se quieren e inconscientemente aparecen, por contraste.

Cabaret: También explicas un poco esa faceta tuya como actor de anuncios televisivos, que era algo que cuando se comentaba en El Víbora llamaba mucho mi atención. Además de Ikea que se mencionan en el álbum, ¿hiciste muchos más?

Ramón Boldú: Como una veintena. En el primero que hice entraba un gordo en una sauna y luego salía yo, que soy delgado; se suponía que éramos la misma persona, y nos raparon al cero porque consideraron que era como más nos parecíamos. Cuando llegué calvo a casa hubo mucho cachondeo.

Cabaret: Eso es todo, gracias Ramón.

Ramón Boldú: A vosotros.