Publicado en: https://lentre-deux.com/index.php?b=141
Fecha: diciembre, 2020
Texto: Patricia C. García Ocaña

Resumen de lo publicado en L'Entre-deux:

En el lenguaje común decimos que el recuerdo es una especie de imagen, es decir, que la representación del pasado se nos presenta en forma de imagen. Más allá de que este enunciado se utilice en el lenguaje común, Paul Ricœur en La memoria, la historia, el olvido nos recuerda que existe también una gran tradición filosófica que trata la memoria como una región de la imaginación. El problema es que la imaginación se sitúa en la parte inferior en la escala de los modos de conocimiento.

Nos gustaría retomar estos cuestionamientos sobre la fenomenología de la memoria articulándolos con un análisis sobre el proceso creativo en el cómic (ya que este cuenta con imágenes), y más precisamente, en La vida es un tango y te piso bailando de Ramón Boldú y Los surcos del azar de Paco Roca. En La vida es un tango y te piso bailando el dibujante (Ramón Boldú) comparte la memoria de su padre y de su suegra a la vez que cuestiona el proceso nemónico, testimonial y creativo en el medio del cómic. En la obra de Paco Roca se pone en escena el testimonio ficticio, aunque ampliamente documentado, de una memoria impedida: la de un veterano miembro de La Nueve, una compañía integrada en la Segunda División Blindada del general Leclerc. Las reflexiones de ambas obras se inscriben en problemáticas filosóficas más amplias sobre el acceso a lo real, la representación y la reconstrucción del mundo, así como el lugar que ocupa la imaginación en el proceso nemónico.

En La vida es un tango y te piso bailando, Ramón Boldú parte de las conversaciones que mantuvo con su padre en el geriátrico, que le iban a servir como base para escribir un cómic sobre la Guerra Civil Española. A estos recuerdos les añade el testimonio de Águeda, la suegra del autor, sobre sus años de reclusión en una suerte de internado regentado por monjas y el testimonio del dibujante Ferrándiz sobre la vida de los dibujantes durante el franquismo (así como sobre Miguel Hernández en la cárcel). Por último, todo ello se mezcla con lo que recuerda el autor de su propia infancia durante el franquismo y de su juventud durante la Transición democrática. El lector navega así entre los recuerdos del autor y, según la terminología de Sebastiaan Faber, entre una memoria filiativa (la que hereda de su padre y de su suegra) y una memoria afiliativa (las anécdotas que le cuenta el dibujante Ferrándiz, con quien mantiene una relación de identificación y solidaridad).

Los surcos del azar de Paco Roca se construye de forma diferente. A través de las conversaciones entre el dibujante y Miguel Campos, veterano de la Guerra Civil y de la Segunda Guerra Mundial, descubrimos el recorrido de los combatientes españoles miembros de la Nueve, desde el final de la Guerra Civil hasta la liberación de París. Todo parece indicar que esas conversaciones tuvieron lugar, pero Paco Roca no es el receptor de ese testimonio. No es más que una puesta en escena facilitada por la profunda investigación realizada por el autor y el asesoramiento del historiador Robert Coale. Por consiguiente, en este cómic se mezcla la precisión de la documentación histórica con la imaginación creadora de Paco Roca.

Comenzaremos abordando La vida es un tango y te piso bailando. En primer lugar tenemos la vivencia o experiencia personal del padre y de la suegra de Boldú. A la vez que viven estas experiencias se crea un “recuerdo puro”. Partiendo de este concepto de Henri Bergson retomado por Gilles Deleuze en La imagen-tiempo y por Ricœur en La memoria, la historia, el olvido, podemos concluir que un recuerdo puro es una grabación de lo que ocurre en el momento en el que ocurre, y no después. Estos recuerdos puros se desarrollan después en “imágenes-recuerdos” a los cuales tiene acceso el individuo. En segundo lugar, cuando comparten su experiencia a través del testimonio, el padre y la suegra de Ramón Boldú hacen un esfuerzo activo de rememoración para acceder a la imagen-recuerdo. Es durante la configuración en imágenes cuando interviene la imaginación.

En tercer lugar, Ramón Boldú escucha atentamente los testimonios de su padre y de su suegra (además de lo que le cuenta el dibujante Ferrándiz). Mientras lo hace, se crea un recuerdo puro doble de su padre hablando y de lo que este le cuenta. Para tener acceso a la imagen-recuerdo de su padre hablando, necesita movilizar la imaginación visualizadora, que le dará a ver. Ahora bien, para poder acceder a la imagen-recuerdo del contenido del testimonio se necesitará movilizar otra imaginación, pues Ramón Boldú no ha vivido los hechos contados.
Llegamos a esta misma conclusión al terminar de leer Los surcos del azar, donde encontramos la puesta en escena desde la ficción de las mismas modalidades de la memoria hasta aquí expuestas. Esto lo observamos gráficamente, por ejemplo, en la elección de paletas de colores diferentes para separar la conversación en el presente de la historia entre Paco y Miguel, en tonos grises y sepias, de las experiencias a todo color que comparte Miguel sobre su pasado. El uso del color para plasmar este recuerdo crea una sensación de inmediatez, como si se volviera a vivir la experiencia en el presente. Sin embargo, Ramón Boldú opta por jugar con los colores de forma diferente. Utiliza los tonos verdes y negros para ilustrar los episodios que le cuenta su padre y que tuvieron lugar antes de su nacimiento y, a continuación, utiliza toda la paleta de colores para trabajar los episodios del presente pero también los de su infancia, como si su presencia pudiera atestar la veracidad de la situación.
Por último, la última modalidad es la concepción y creación del cómic. La creación del cómic puede hacerse a la vez que el autor está escuchando los testimonios, como en las viñetas donde los autores están anotando y dibujando mientras escuchan al testigo; o bien, puede hacerse en un segundo tiempo a solas. En ambos casos, el autor realiza un esfuerzo de rememoración para acceder a la imagen-recuerdo, aunque esta puede estar compuesta por diferentes filtros o niveles. Por un lado, el recuerdo-imagen de las experiencias del Ramón Boldú en La vida es un tango (con su padre en el geriátrico, en casa de Ferrándiz, en el salón con su suegra, en la redacción de la revista Lib) tiene solamente un filtro, el suyo, y la imaginación es visualizadora. Es decir, el autor visualiza el recuerdo de su vivencia. Sin embargo, por otro lado, el recuerdo del contenido de los testimonios recibidos tiene numerosos filtros: cómo cuenta su padre lo que vivió o cómo transmite lo que su esposa le confió, a continuación cómo el hijo lo imagina y, finalmente, cómo lo dibuja en el cómic a partir del recuerdo de sus imágenes creadas. ¿Podría tratarse aquí, entonces, de la imaginación no-realizadora que culmina en ficción aunque los testimonios sean verídicos?
Esta es la misma pregunta que nos hacemos al terminar Los surcos del azar, pero ¿se trata en ambos casos de la misma imaginación no-realizadora, aunque una memoria parta de la ficción y la otra de un testimonio?

Una fenomenología insatisfecha: los escollos de la transmisión de la memoria

Uno de los primeros escollos que se presentan es el de la memoria ignorada e impedida. Miguel considera haber sido ignorado tanto por los gobiernos franceses como por los españoles. Cuando el personaje de Paco le anima con un “Nunca es tarde”, Miguel contesta sarcásticamente que sí que debe serlo, puesto que a sus 94 años nadie le ha reconocido aún el sacrificio que realizó junto a sus compañeros. Además de ignorada, la de Miguel es una memoria impedida, pues el personaje se niega a recordar no solo la guerra sino también a su familia, a la que tuvo que abandonar. Comprendemos así los constantes enfados entre Miguel y Albert como el resultado de la imposibilidad de Miguel para aceptar su afecto, afecto que no pudo darle a su hijo. No obstante, en el caso de Águeda no se trata de una memoria impedida (porque la anciana ha podido compartir sus recuerdos con su hija) sino de una memoria ignorada por razones de género. Esto es debido a la ausencia de espacios de recepción de la memoria traumática femenina de la Guerra Civil. En efecto, la creación de espacios de recepción y de transmisión de la memoria femenina de la Guerra Civil sigue constituyendo una lucha en la actualidad. En ambos casos, las memorias de Miguel y de Águeda nos hacen preguntarnos si hemos conseguido construir espacios adecuados de escucha de ambas memorias traumáticas.


Fig. 1. Los surcos del azar

Ahora bien, para ello es necesario preguntarse en qué medida es útil dicha memoria. ¿Tienen todas las memorias el mismo peso? Para Miguel, sus recuerdos no son más que historias de viejos que no interesan a nadie, mientras que Paco afirma que gracias a su testimonio le va a quedar “un libro genial”. No obstante, ¿cuáles son los criterios para interesarse por una u otra memoria? Esta es la pregunta que parece hacernos Ramón Boldú en La vida es un tango y te piso bailando cuando en un bocadillo en forma de pensamiento expresa: “Y luego me va a salir un cómic de mierda”, o después: “Me va a salir un cómic bastante corto”. Comprendemos así que el autor decida dejar de lado el cómic sobre su padre en 2012 dando al lector la explicación siguiente:

He decidido dejar de dibujar La vida es un tango y te piso bailando (para centrarme, en exclusiva, en el cómic de Miguel Hernández, o no lo voy a acabar nunca; además, la suya es una vida mucho más interesante que la de mi padre); en cuanto acabe el otro […] seguiré con este (si es que en un futuro le ocurren cosas a mi padre o me entero o lo que sea que valga la pena contar.

Aún así, antes de llegar a la reflexión de qué merece ser contado, primero uno necesita ser capaz de hacerse entender y que el otro esté en condiciones de comprenderlo. Por ejemplo, en La vida es un tango y te piso bailando Susanna no duda en decirle a su pareja: “Todo lo entiendes al revés y luego te salen los cómics que te salen”. En realidad, el problema recae en que Ramón Boldú tiende al sensacionalismo o a los estereotipos a la hora de imaginar las causas de la reclusión de su suegra. Por ejemplo, su primera reacción es imaginar que a Águeda y al resto de niñas se las llevaron las monjas a un antiguo palacio, no para protegerlas de la guerra, sino para hacer trata de blancas con ellas. A continuación, cuando se entera de que las niñas no pudieron ver el sol durante dos años, Ramón bromea sobre el conocido mal tiempo de La Rioja sin cuestionar que la falta de luz era debida al estado de reclusión en mazmorras o en habitaciones sin ventanas. Asimismo, en Los surcos del azar el personaje de Paco no entiende cómo Miguel pudo matar a nazis a sangre fría fuera del campo de batalla. Llevado por la cólera al sentirse juzgado por el dibujante, Miguel no consigue hacerse comprender y pone fin a la conversación. Sin embargo, al día siguiente y de manera sosegada es capaz de compartir con Paco las razones que le empujaron a matar en un contexto de guerra que el joven, desde el presente, no puede imaginarse.
Una vez que los testigos consiguen hacerse entender, resulta difícil verificar y cotejar la información recabada. ¿Cuánta verdad hay detrás del recuerdo? La fiabilidad de las fuentes es una problemática tan presente en la obra de Ramón Boldú que por ello se menciona desde un principio en el pacto de lectura de la contraportada: “El único familiar vivo que le queda a Boldú es su padre, por lo que es imposible que pueda contrastar la realidad de la alucinante información que éste le trasmite”. Como su testimonio no puede compararse con el de su madre o su abuelo, el autor no puede sino avisar al lector de este límite. En el caso de Paco Roca, como sabemos que nunca entrevistó a Miguel Campos, toda la información histórica no proviene del recuerdo sino de las investigaciones personales del autor y del asesoramiento del historiador Robert Coale. Toda ella solo pudo ser cotejada gracias a una investigación minuciosa de archivos y libros de Historia a los que tuvo acceso el dibujante. Ahora bien, estos archivos también pueden incluir fallos o inducir a error, como es el caso de algunas fotografías que aparecen en La Nueve, los españoles que liberaron París de Evelyn Mesquida. Sin embargo, no solo los libros que parecen estar bien documentados pueden equivocarse, sino que nuestra memoria es también vulnerable y no está exenta de patologías, algunas de ellas ligadas a la edad. Si la posible demencia de Miguel en Los surcos del azar le hace olvidarse del lugar donde pone las llaves, ¿cómo puede acordarse perfectamente de los días pasados en el desierto hace setenta años?. En el caso del padre de Ramón Boldú, ¿cómo puede el dibujante hablar primero de la “memoria de elefante” de su padre y, pocas páginas después, añadir que desvaría? Además, al final del cómic nos enteramos de que su padre padece un trastorno bipolar que exige un tratamiento a base de antisicóticos. Así pues, ¿cuán fiable es su memoria? O incluso, ¿hasta qué punto nos parece fiable la memoria del propio Ramón Boldú tras escuchar a su padre decirle “Vaya memoria la tuya”?


Fig. 2. La vida es un tango y te piso bailando

Tras haber visto cómo se explotan los diferentes límites de la memoria en ambas obras nos gustaría concentrarnos, por último, en la trampa de lo imaginario. En La vida es un tango y te piso bailando vemos cómo el padre de Ramón le cuenta la anécdota de su madre y el pobre del pueblo al que mataron por tener un anillo de oro. Constatamos que la anécdota ha pasado por diferentes filtros, pues su padre le cuenta algo que su esposa le contó a él y que a su vez ella no vivió sino que oyó contar. Al oírla, Ramón no puede sino imaginarse por qué el pobre tenía el anillo: “Ya me lo imagino, lo dibujaré en el día del entierro de su madre… sacándole el anillo, de recuerdo…”. Pero su padre no está de acuerdo con esta iniciativa: “No comiences a inventar tonterías, si vas a escribir una historia, has de contar los hechos sin imaginar nada”. Intenta así indicarle cómo transmitir su testimonio de la manera más fidedigna posible, sin recurrir a la imaginación alucinatoria que debilitaría su testimonio. Ahora bien, ¿es posible que contemos hechos sin imaginar nada, como quiere su padre? Ya hemos visto que la imaginación, al menos la visualizadora, es necesaria para tener acceso a la imagen-recuerdo. No obstante, como el episodio de la herencia del anillo ha sido inventado por Ramón Boldú, el autor añade una cartela con la inscripción “Escenas inventadas” para ser fiel a la voluntad de su padre. Por consiguiente, se establece una diferencia clara entre la imaginación visualizadora que permite al padre recordar –a pesar de que su relato esté plagado de filtros, olvidos y transformaciones– y a Ramón Boldú dibujar, y la imaginación no-realizadora que se dirige a la ficción, como en el caso de las escenas inventadas. Gracias a este mecanismo, el lector tiende a pensar que todo lo que no entra en esta calificación de escena inventada es completamente cierto.
Esta cuestión nos hace preguntarnos cuál es entonces el rasgo diferencial entre imaginación y memoria y, en el caso de la novela gráfica, cómo se materializa esa distinción.

La veracidad de los hechos cobra gran importancia en nuestros cómics y se manifiesta a través de la voluntad de transparencia de los autores. El ejemplo más flagrante es la inclusión de un nuevo texto final titulado “Borrando el punto final” en la versión aumentada y corregida de Los surcos del azar, publicada en 2019. En él, el autor, el historiador Robert Coale y la nieta de Miguel Campos conversan entre otras cosas acerca de los errores de la obra. Desde su primera publicación en 2013, se han descubierto nuevas pistas de investigación sobre La Nueve que desmienten algunos episodios de la novela gráfica. En vez de esconder, negar o disimular esos errores, el autor decidió añadir esta conversación final donde los recalca.
Esta misma preocupación y voluntad de transparencia parece ser también la que mueve al dibujante Ramón Boldú a mencionar en repetidas ocasiones la dificultad de trasladar la memoria de su padre al cómic de manera fiel.
La intencionalidad veritativa de los autores también se manifiesta en los retratos objetivos de los personajes del cómic, tanto de ellos mismos como de sus familiares. Se trata, sobre todo, de retratos poco favorecedores. En La vida es un tango y te piso bailando se mencionan a menudo la avaricia, tacañería y soberbia del padre de Ramón Boldú. El autor tampoco duda en compartir la rudeza de los últimos meses de su vida en el geriátrico cuando le tuvieron que amputar la pierna y medicarlo con antisicóticos. En el caso de Los surcos del azar, el autor muestra también su lado más insensible y juzgador al opinar sobre el comportamiento de Miguel durante los ataques a los nazis.
Asimismo, ambos autores se preocupan por ilustrar en el cómic la etapa de investigación histórica previa a la realización de la obra. Así pues, vemos a Ramón investigando en la biblioteca sobre la vida de Miguel Hernández o documentándose en internet mientras comenta:

Al escribir un guion de una historia real, aunque sea para cómic, uno tiene que ponerse serio e investigar con profundidad para no meter la pata y ser fiel a la verdad, como lo hacen los grandes autores de éxito.

Tras esa etapa de documentación y de autentificación de ciertos hechos históricos, Ramón emite hipótesis sobre ciertas anécdotas que compartieron con él, como el éxtasis de Águeda tras consumir vitaminas que bien podían ser methadrina, las alucinaciones de su abuelo al estar cerca de una bomba que podía contener dicha sustancia o los delirios de su padre al beber de un agua también contaminada con dicha droga.
En el caso de Los surcos del azar, el proceso de investigación aparece de dos maneras. Por un lado, vemos al personaje de Paco leer Carnets de route d’un croisé de la France libre de Raymond Dronne o La Nueve, los españoles que liberaron París de Evelyn Mesquida. Por otro lado, sabemos que el dibujante contó con la ayuda y consejo del historiador Robert Coale para acercarse lo más posible a la realidad histórica de La Nueve. Llegó incluso a desplazarse a París para revivir el recorrido que hizo la Nueve. Gracias a ello, pudo reconstruir el recorrido y los lugares en el cómic a partir de sus fotografías y de planos. Llegó también a ponerse en contacto con una asociación especializada en temas bélicos para que le facilitaran fotografías de uniformes militares, armamento y tanques. El realismo en la representación de dicho armamento y de los paisajes de la guerra ayuda efectivamente a atestar la veracidad.
El uso de fotografías es también una forma de autentificar y de conservar la memoria.
No obstante, para Delorme esta necesidad documental se encuentra, sobre todo, en autores de ficciones históricas y quizás por ello en La vida es un tango y te piso bailando no se dé tanta importancia a los detalles. Por ejemplo, el vestuario de los personajes, los fondos de las viñetas y las armas aparecen ilustrados de manera más minimalista o simple. El autor no crea sus viñetas a partir de fotografías reconocibles ni pone a disposición del lector en un anexo documentos originales que atesten la veracidad de lo relatado. Esta objeción quizás pudiera aplicarse también a los retratos físicos de los personajes. Si bien Paco Roca opta por retratos realistas de los personajes históricos de Miguel Campos, Raymond Dronne o Amado Granell a partir de fotografías, Ramón Boldú tiende más a la simplificación o a la caricatura.
Las búsquedas documentales, además del estilo realista y el uso de fotografías, permiten a ambos autores corroborar y autentificar los hechos históricos, pero no se trata de contar la totalidad de la Guerra Civil, la Segunda Guerra Mundial o el franquismo. Por ejemplo, en la obra de Boldú no solo no se explica la Guerra Civil sino que tampoco se precisan los años de los acontecimientos expuestos. Del mismo modo, en Los surcos del azar no se ilustra el final de la Segunda Guerra Mundial porque Miguel Campos no participó en ella y no se precisan tampoco las fechas de cada batalla o acción militar. Constatamos así que los autores solo se centran en los acontecimientos históricos que afectaron a los protagonistas o que estos vivieron. Por consiguiente, parecen cobrar mayor importancia la subjetividad de la experiencia vivida y el testimonio que se hace del recuerdo, ya sea fruto de la imaginación visualizadora o de la no-realizadora. Dicha subjetividad remite directamente a la definición misma de memoria como selección: hacer memoria es seleccionar, consciente o inconscientemente, qué recordar y qué olvidar.
Podemos decir así que la veracidad subjetiva no solo está presente en ambas obras sino que parece ser una necesidad para los autores. Si bien en Los surcos del azar se cuenta el recorrido de un grupo de españoles desde la errancia, el sufrimiento, la lucha y el olvido gracias a la recopilación de información históricamente documentada, verificada y a veces corregida, no deja de ser una ficción histórica donde la subjetividad no solo aparece en cómo contar lo que pasó sino también en la mera elección del protagonista.
En el caso de La vida es un tango y te piso bailando, Ramón Boldú opta por hacer un cómic que él mismo define como “una historia real” y que, según los criterios dados por Isabelle Delorme, bien podría considerarse un récit mémoriel historique (que nosotros traducimos aquí por “relato de memoria histórica”). A pesar de la matriz testimonial y del proceso de investigación del autor, en este cómic se pone de relieve especialmente la subjetividad de la memoria y la capacidad de esta para llenar las fallas entre los recuerdos. En el caso de Ramón Boldú, el uso del humor es su marca de fábrica y le ayuda a mostrar, parodiar y reflexionar sobre los límites de la memoria y de su veracidad. Se trata, ante todo, de la huella de su subjetividad.

A lo largo de esta reflexión nos hemos propuesto ahondar en el proceso de recuperación de la memoria así como en las diferentes modalidades nemónicas que se ponen en escena en La vida es un tango y te piso bailando y en Los surcos del azar. Hemos podido comprobar cómo en estas obras la imaginación, tanto la visualizadora como la no-realizadora, interviene en el proceso de recuperación de la memoria tal y como lo presenta Paul Ricœur. De esta forma, hemos visto cómo algunos de los cuestionamientos que exponen Boldú y Roca resuenan en planteamientos filosóficos sobre la memoria, siendo la exigencia de verdad uno de los puntos de mayor importancia. La novela gráfica podría considerarse, así, no como el lugar de la traición de la memoria sino como el de su progresiva elucidación gracias a la reflexividad del medio.

 

 

Publicado en: www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20160718/guerra-civil-diez-comic-5274920
Fecha:  21 noviembre, 2017
Texto: Anna Abella

La guerra civil en 10 cómics

Pesos pesados del cómic nacional pero también algunos extranjeros como el italiano Vittorio Giardino, han contribuido con obras imprescindibles a la memoria histórica de la guerra civil, contando en viñetas relatos bañados de ficción y, en la mayoría de casos, historias reales basadas en experiencias y testimonios propios o de familiares. En el 80º aniversario del inicio del conflicto bélico, he aquí diez referentes para acercarse con absoluto rigor al tema desde la historieta.

-La vida es un tango y te piso bailando de Boldú (Astiberri).

Ramón Boldú volvía a la autobiografía en ‘La vida es un tango y te piso bailando’ pero en este álbum le dedica un importante protagonismo al testimonio y las vivencias de su padre durante la guerra civil. El dibujante iba a visitarle una vez al mes al geriátrico donde este estaba ingresado y, entre partida y partida de ajedrez, le contaba batallitas y anécdotas impagables que el autor convertirá casi en un sainete en forma de cómic.

-La guerra civil española de Paul Preston y Jose Pablo García (Debate)
-36-39 Malos tiempos de Carlos Giménez (Debolsillo)
-Los surcos del azar de Paco Roca (Astiberri)
-El arte de volar de Antonio Altarriba y Kim (Edicions de Ponent y Norma editorial)
-Un largo silencio de Miguel Gallardo (Astiberri)
-Un médico novato. Atrapado en Belchite y Vencedor y vencido de Sento (Sins Entido/Autoedición)
-Las serpientes ciegas de Felipe Hernández Cava y Batolomé Seguí (Inrevés)
-El convoy de Denis Lapière y Eduard Torrents (Norma)
-¡No pasarán! De Vittorio Giardino (Norma)

 

 

Publicada en:  Diario de Avisos (página 'Historieta')
Fecha: 3 Abril 2016
Texto: Manuel Darias

<em>La vida es un tango y te piso bailando</em> - Ramón Boldú

Ramón Boldú (Lérida, 1951)
Siempre se ha caracterizado por elaborar historietas costumbristas y autobiográficas. En la senda de Bohemio pero abstemio, El arte de criar malvas y Sexo, amor y pistachos, Boldú ha realizado La vida es un tango y te piso bailando (Astiberri), obteniendo justamente el Premio al mejor guión de historieta de humor.

 

Publicado en: http://www.lacarceldepapel.com/2016/01/19/mis-mejores-lecturas-de-2015/
Fecha: 19 enero, 2016
Texto: Álbaro Pons (La Cárcel de Papel)

Mis mejores lecturas de 2015:

... la imprescindible vida de Ramón Boldú en La vida es un tango y te piso bailando (Astiberri).

 

Publicado en: http://saludytebeos.blogspot.com.es/2015/11/ramon-boldu-y-la-guerra-de-nuestros.html
Fecha:  1 noviembre, 2015
Texto: Jesus Gisbert

Ramón Boldú y 'la guerra de nuestros padres'

La vida es un tango y te piso bailando (2015), de Ramón Boldú (n. 1951), se suma a esta lista de cómics que tocan la experiencia de la guerra vivida por el padre del realizador del tebeo. El libro refiere también otros temas a la manera habitual de Boldú, esto es, medio en serio, medio en broma. Con todo, Boldú es un autor de los que no dan puntada sin hilo, aunque a veces pueda despistar por su desenfado al lector. Nos lo pasamos pipa leyendo a Boldú y este será un cachondo completo, pero eso no le quita seriedad ni rigor a lo suyo.

Biografía del padre y autobiografía del hijo se combinan en La vida es un tango y te piso bailando. A Boldú se le considera un adelantado en nuestro país en el género secuencial autobiográfico. En 1995 publicó el libro Bohemio pero abstemio (colección de historietas aparecidas en El Víbora a comienzos de los años noventa) y en 1998 Memorias de un hombre de segunda mano. Ambos títulos fueron "remasterizados" por el autor y publicados en 2009 en un único volumen. Se trata de una crónica viva de los años del postfranquismo desde una óptica que aúna lo personal (de Boldú) con el momento histórico.

Densa, pero muy divertida. En 2008 salió El arte de criar malvas. En 2010, Sexo, amor y pistachos. La antología Panorama. La novela gráfica española hoy (2013) recogió de Boldú la historieta "Los guionistas nunca ligan". Y ahora, en 2015, aparece La vida es un tango... Todo esto, por lo que a la autobiografía de este autor se refiere. 

Boldú es un historietista informado y formado. Se le percibe en contacto con el underground (americano y europeo), con el humor gráfico a lo Hara Kiri ("Dedicado a mis maestros Wolinski y Cabú", leemos en el frontispicio de La vida es un tango), con el Jean Giraud de La Desviación (más cercano a este en el costumbrismo familiar que a Andrea Pazienza), con lo que se ha ido produciendo en el medio aquí y allá (hasta una página en homenaje al Little Nemo de McCay encontramos en El arte de criar malvas).
A propósito del asunto que nos ocupa en este post, escribe Boldú en una viñeta de la p. 27 de Bohemio pero abstemio. Memorias de un hombre de segunda mano (2009):

"En la pág. anterior quise emular a Art Spiegelman, el dibujante de cómics que se ha hecho rico y famoso con su libro "Maus", en el que su padre le cuenta las aventuras que pasó en los campos de concentración. Pero tuve que dejarlo porque mi padre, en lugar de ser judío como el padre de Spiegelman, es catalán de Lérida."

La emulación de Spiegelman la llevará a cabo Boldú, claro que a su manera, precisamente en La vida es un tango. Boldú aborda en La vida es un tango esta materia de 'La guerra de nuestros padres' de un modo que está en perfecta consonancia con el resto de su producción anterior. Es la actitud underground la que trasparece de nuevo; un underground vitalista y festivo, lúdico, de inspiración crumbiana, instalado en el tiempo, que usa la autoexpresión a través de viñetas, que va más allá de la mera representación de las obsesiones, que conecta con anhelos -reprimidos u olvidados o no- del lector, que utiliza la risa como catarsis...
En concreto, pese a un cierto aparente desorden en la exposición narrativa, La vida es un tango finaliza -y se inicia- con una propuesta a manera de superación de los desastres de la guerra. Un juego de mesa. "El tango libre". Una especie de ajedrez sin violencia -donde no se mata- y sin rey. Con su tablero, sus fichas y reglas (incluido todo ello en el cómic). Un ajedrez del amor.
Puede parecer naíf la propuesta de Boldú, pero en todo caso lo sería tanto como ingenuas pudieran haber sido las consignas de 'La imaginación al poder', 'El verano del amor' o 'La revolución de las flores californianas'.
Y es que, a mi modo de ver, en el salto cuántico que aportó a la historia de la humanidad la generación de los nacidos después de (o durante) la Guerra del 36-II GM, influyó la locura de un mundo atenazado por la violencia institucionalizada después de la guerra.
Esto es: El giro existencial (contracultural y postexistencialista) que estalló en los años sesenta del siglo pasado podría haber nacido, en parte, como respuesta ante una tensión bélica que se había institucionalizado. En concreto, la de la guerra fría. Más el franquismo aquí. Sería como si los miembros más lúcidos de las primeras generaciones nacidas en la postguerra se hubiesen dicho a sí mismos: "Ya que somos impotentes para desarmar al poder o para desactivar su locura, pasemos de todo y mantengamos los ojos abiertos. El goce es un arma cargada de futuro".

Esta habría sido la postura de R. Crumb. Lo da a entender el sentido de su carrera. Y lo dan también a entender unas palabras que escribió a su amigo Marty Pahls en una carta de 1962, recogida en el epistolario titulado Tus ganas de vivir me horrorizan. En efecto, refiriéndose a lo que él denomina "la Bomba" (bomba de hidrógeno, bomba atómica), escribió Crumb:

Como dije en Ohio, creo que simplemente me he vuelto insensible al tema de la Bomba... Solía preocuparme por ello hasta ponerme enfermo cuando tenía once, doce, trece años... pero poco a poco dejas de preocuparte por algo sobre lo que no puedes hacer nada al respecto, y que no me está causando ningún daño, así que me preocuparé sobre ello cuando suceda si es que sucede.

Como dije en otro post [aquí], se me ocurre que las flores sesenteras de Berkeley fueron una liberación psicológica -y vital, por supuesto- de unos jóvenes ya hartos del horror, el horror.

La obra de Ramón Boldú encaja en este planteamiento.
Tras el relato de unos hechos -entre otros- que acontecieron en la guerra de nuestros padres, La vida es un tango y te piso bailando culmina con la propuesta lúdica de Boldú. Es una salida coherente y valiosa. Nunca se sabe lo que podrá ocurrir.

Como dije antes, Boldú no da puntada sin hilo. 

 

Publicado en: El Faro de Vigo
Serie de viñetas de Octavio Beares:
http://gentedigital.es/comunidad/comics/2015/09/01/boldu-y-el-convoy-y-la-guerra-civil-espanola-en-el-comic/
Fecha: 14 de Agosto, 2015

<em>La vida es un tango y te piso bailando</em> de Ramón Boldú

'Boldú, y "el Convoy", y la guerra civil española en el cómic'

... dos obras muy diferentes: "La vida es un tango y te piso bailando",  de Ramón Boldú (Astiberri) y "El convoy", de Denis Lapière y el ilustrador español Eduard Torrents (Norma). Es interesante contrastarlas porque evidencian que un mismo o parecido asunto puede enfrentarse desde ángulos muy distintos. Una lección, en fin, para los apóstoles del "¡otra vez la Guerra Civil!".

"El convoy", editado originalmente en Francia, es una historia sobre el drama de una familia en el campo de refugiados de Argelès sur Mer, donde es separada. Argelès sur Mer fue el campo del que por primera vez exiliados españoles fueron trasladados a campos de concentración nazis, un drama tremendo que cabe recordar siempre. Dos volúmenes reunidos en la edición española en un único tomo filtran hechos padecidos por la familia del propio Torrents. Con ellos los autores construyen un relato imaginario y de tintes casi folletinescos. De planificación tradicional, ortodoxa y en ocasiones acartonada, la obra sin embargo puede interesar no tanto por sus trucos de guión algo forzados, o por una historia secundaria que no consigue peso específico (las vicisitudes de los protagonistas en los años setenta), si no por el detalle riguroso del dibujo, pues consigue trasladar pulcramente a unos lugares y épocas (tanto la posguerra como los setenta) perfectamente documentados. Y porque como ejercicio de reivindicación histórica es interesante. "El convoy", en fin, resulta un cómic de clara adscripción (un álbum de género histórico al más clásico estilo de la bande dessinée tradicional), ortodoxo en planteamiento y resolución, y de espíritu honesto.

Un cómic, como decíamos arriba, muy distinto, pese a sus lugares comunes, a "La vida es un tango y te piso bailando".  Ramón Boldú también ha buceado en la memoria, concretamente en la de su padre, para crear otro relato de la Guerra Civil. El dibujante mantiene su propio estilo, una línea libre, expresiva y veloz, macerada en una trayectoria extensa y a reivindicar (podríamos decir que Boldú es uno de los padres de la autobiografía en España). Un trazo exacto para las expresiones de los personajes, que resultan siempre verosímiles pese a que Boldú aplica esa ironía gruesa que es marca de la casa. Una obra que nace para relatar las miserias de la guerra española pero que la trasciende, al recordar momentos diversos en una riada de vivencias y recuerdos que van de anécdotas transmitidas, como las de su bisabuelo, hasta vivencias personales como la experiencia del Boldú joven al conocer y entablar amistad con Juan Ferrándiz, el famoso ilustrador. Por el camino, el odio durante el conflicto, el atentado a las Torres Gemelas, la miseria del represivo sistema fascista, el trabajo de Boldú en las revistas del descoque de la transición ("Lib"), o, muy especialmente, la relación compleja y matizada del autor con su padre. Todo contado sin perder el ánimo juerguista y travieso, enfatizando la intrascendencia... falsa, porque "La vida es un tango y te piso bailando" es un relato complejo y certero del poliedro que fue nuestra más reciente historia.

¿"Otra vez la Guerra Civil"?  Pues sí, por partida doble, y se revela, de nuevo, necesario abordarla.

 

Publicado en:
http://www.eldiario.es/cultura/comics/comics-Feria-Libro-madrid-murcia-sant-jordi-chapuzas-amor-tebeos-espiritus-muertos-escultor_0_397910418.html
Fecha: 13 junio, 2015
Texto: Rubén Lardín

'Historias corrientes'

Ramón Boldú es un autor que danza en el mundo del cómic con aires rijosos y descojonado hasta de su sombra. Sus incursiones en el diseño y la publicidad y sus ocupaciones durante la Transición en revistas del destape como Lib, para la que diseñó el imagotipo de la pera mordida, le mantuvo en su día en una zona estrafalaria entre el underground y el viva la virgen, y hoy de él se suele decir que fue uno de los primeros autores locales en destilar su autobiografía en viñetas.

Boldú es, antes que nada, un mamífero, y como tal se ha ido retratando en una peripecia vital donde la fragilidad del macho se hace patente a la que aparece una hembra en escena. Hoy la edad le ha sosegado algunas urgencias pero todavía narra como quien respira y tose, incorporando el accidente y el trompicón, y en esa irregularidad sigue estando la clave de su proximidad y el regocijo que proporcionan sus historias.

En La vida es un tango y te piso bailando expande su memoria por las ramas de su árbol genealógico y nos cuenta las peripecias de su padre, al que visita una vez al mes en el geriátrico para escucharle recuerdos de la guerra y menciones a otros miembros de la familia. El libro, además, contiene sorpresa, y si le desplegamos la camisa nos encontraremos el tablero y las fichas de El Tango Libre, un juego de estrategia amorosa y baile de salón que se presenta como alternativa antibelicista al campo de batalla del ajedrez.

 

Publicado en: Diario de Avisos
Fecha: 24 mayo, 2015
Texto: Manuel Darias

<em>La vida es un tango y te piso bailando</em> - Ramón Boldú

'La vida es un tango y te piso bailando'

Ramón Boldú (Tarroja de Segarra, Lérida, 1951) es uno de los dibujantes de humor más atípicos del panorama patrio. Creador de rara versatilidad, ha ejercido profesionalmente como: historietista, autor de chistes, guionista cinematográfico, pintor, decorador y director, montador y diseñador de revistas. Su primer tebeo importante en el universo del cómic es Mario Gamma el Griego, para la revista El Víbora. Luego, inicia su trayectoria como precursor del cómic autobiográfico, publicando trabajos tan destacados como: Bohemio pero abstemio, Memorias de un hombre de segunda mano, El arte de criar malvas y Sexo, amor y pistachos, ganando por ello tres premios DIARIO DE AVISOS.

En esta nueva obra, La vida es un tango y te piso bailando, que, como las anteriores, se puede encontrar en el catálogo de Astiberri, Ramón Boldú mezcla hábilmente sus propios apuntes autobiográficos, como ya es usual en él, con las historias sobre la Guerra Civil Española recabadas de su suegra y, sobre todo, de su padre, que éste le había estado contando en sus visitas al geriátrico en donde estaba ingresado, antes de su muerte.

En estos últimos años, la historieta biográfica basada en relatos vitales escuchados por algunos historietistas a sus respectivos padres, está teniendo mucho éxito en España. Tebeos tan notables como: Un largo silencio (Miguel Gallardo), El arte de volar (Altarriba y Kim) y Las guerras silenciosas (Jaime Martín), constituyen los ejemplos más notables de esta tendencia.

En La vida es un tango y te piso bailando, Ramón Boldú, con su manera de narrar como a salto de mata, huye de la inherente seriedad de las obras anteriormente mencionadas, para aportar a este singular tebeo su característico y divertido estilo costumbrista, siempre anárquico y desordenado pero sobradamente atractivo.

El cómic también incluye un nuevo y delirante ajedrez inventado por el amigo Boldú, llamado "Tango libre", en el que las piezas no se matan o "comen", como ocurre en las reglas del deporte ciencia, sino que se aman. Flipante, ¿verdad?

 

Publicado en:
http://www.rtve.es/
Fecha: 22 mayo, 2015
Texto: Jesús Jiménez

Ramón Boldú: "La vida es un tango y te puedes llevar un pisotón"

Ramón Boldú: "La vida es un tango y te puedes llevar un pisotón"

Ramón Boldú (Tarroja de Segarra, 1951) no sólo es uno de los pioneros del cómic autobiográfico en España (nos cuenta su vida desde 1991) sino también uno de los intelectuales más lúcidos, valientes e interesantes de las últimas tres décadas, ya sea con sus guiones para televisión, sus ilustraciones para periódicos y revistas o su labor como cocreador de la famosa revista Lib (1976), que tanto hizo por la libertad sexual de los españolitos de entonces. Su último cómic es La vida es un tango y te piso bailando (Astiberri), que comienza hablándonos sobre su relación con su padre y termina, como es habitual en su obra, hablándonos de la vida.

“El cómic –asegura Ramón- comienza con las visitas a mi padre en el geriátrico, las partidas de ajedrez con él,... Mi padre no era un hombre con el que pudieras hablar de las cosas de la vida cotidiana, ni de sentimientos; solo hablaba de historia, reyes, batallas pasadas... Y comenzó a hablarme sobre las cosas que vivió durante la guerra, lo que le pasó a él y a toda mi familia”.

“Fui tomando notas, pero mi padre, a diferencia del de Art Spiegelman (Maus), no tenía mucho que contar; por eso en este cómic cuento, a parte de lo que me contó mi padre, lo que me contó mi suegra, también lo que me contó Ferrándiz, el famoso dibujante de christmas (cuando yo tenía trece años iba a su estudio para que me diera una especia de clases de dibujo”.

Es un cómic parecido a un diario –asegura el dibujante-, ya que muchas veces lo que cuento me pasó el día anterior... o recuerdo cómo fue mi vida controlada por mi padre; cómo fueron muriendo mis ancestros uno tras otro; o cómo descubrí quien se cargó a mi bisabuelo en la guerra (gracias a trabajar en editorial Z); también reflejo lo que es la vida en un geriátrico... en fin hablo de la vida, que es como bailar el tango, y que lo mas seguro es que en cualquier momento recibas algún pisotón”.

“Comencé el cómic casi sin querer”

Ramón nos comenta cómo se decidió a escribir este cómic. “Tenía varios proyectos, y sigo teniendo, en mi bandeja de proyectos, sobre partes de mi vida que contar; uno es mi paso como guionista de televisión que no tiene desperdicio, etc. pero en el 2010 hacía poco que había muerto mi madre, mi abuela también, mi padre en el geriátrico dando guerra... Aunque siempre he realizado cómics sobre mi vida, he contando las cosas que ya hace por lo menos diez años que me han ocurrido, y las veo y recuerdo con una perspectiva de distancia y eso me permite poder reírme de mi mismo, como si yo fuese otro. La avalancha de acontecimientos me llevaron a comenzar a dibujar cosas que me estaban pasando en aquel momento, las conversaciones con mi padre,... y como quien no quiere la cosa, comencé a contar lo de la guerra civil, pero como sin querer”.

Un cómic que continúa la línea autobiográfica que siempre ha marcado su obra: “Cuando decidí comenzar a contar mi vida fue porque se acababa de editar la primera edición de la primera parte de Maus, allá por 1990, y pensé que si alguien podía contar las cosas reales en plan serio yo también lo intentaría, pero es que a mi nunca me pasan cosas serias; o si son serias, nunca me las tomo con dramatismo; y así he seguido a lo largo de todos estos años. En este último La vida es un tango y te piso bailando se nota el contraste que hay entre un padre y otro padre, entre el de Art Spiegelman y el mío”.

Sin embargo, Boldú tuvo que aparcar este cómic cuando se cruzó en su camino la posibilidad de llevar a las viñetas la vida de Miguel Hernádnez (Tenéis la historia alfinal de esta noticia) "Cuando acabé la vida de Miguel Hernández, me metí de nuevo en el cómic de la guerra de mi padre; pero habían cambiado muchas cosas, mi padre había muerto mientras realizaba el de Miguel Hernández, y la perspectiva de todo era otra, por lo que de las cien páginas que tenía hechas de La vida es un tango y te piso bailando aproveché solo treinta, y es que un libro siempre está vivo, y nunca es definitivo hasta que no se entrega a imprenta".

“Ajedrez Tango Libre”, un juego pacífico y republicano

Algo a lo que Ramón nunca ha renunciado es a buscar la participación del lector, como si fuera un juego. De ahí que este cómic incluya un nuevo juego, el Tango: “Solía jugar al ajedrez con mi padre, cuando le visitaba al geriátrico; no teníamos mucho de que hablar, a excepción de las cosas que me iba contando de la guerra y que he plasmado en éste cómic. Cuando mi padre me mataba por ejemplo un álfil, actuaba como sí realmente acabara de matar a alguien, y no digamos cuando al final me mataba el rey”.

“En fin, que le di algunas vueltas a la idea de que si inventaba un ajedrez pacífico en que no muriera nadie, sino que cuando se encontraba con otra pieza en la misma casilla, se juntasen como queriéndose, y el que ganaba no fuera el que matase mas piezas del otro, sino el que lograra que todas estuviesen unidas ya sea formando parejas o tríos”.

“De hecho el ajedrez se basa en defender al rey, y dar la vida por él -asegura el dibujante-. En 'El Tango libre', el rey ni siquiera juega. Es como si fuese un juego republicano, además todas las piezas se mueven como si bailaran el tango, o sea recorren cuatro casillas en la dirección que deseen, ya que el tango se baila de cuatro en cuatro pasos. Además, de la misma forma se mueve la reina, el alfil o el caballo; o sea, todo el mundo vale igual. Y ya no hay mas reglas como quien dice. 'El Tango libre' es un juego super sencillo, pacífico y republicano. Y por eso pensé en dar este juego, con el tablero y fichas incluidas, junto con el libro. De hecho inventé las reglas mientras lo dibujaba”.

Ramón confiesa que le encanta jugar con el lector: “Es una sensación increíble el saber que cuando un lector abre uno de tus libros, vas a apoderarte de su mente y vas a jugar con él; intentar que no pueda dejar de leer, con ganas de girar a la página siguiente para saber más. Que le vas a emocionar y a la página siguiente le podrás sacar una sonrisa, como si de una composición musical se tratara. Y que va a entrar en mi vida, intentando que siempre sienta que sabe mucho más que yo, y que se pueda llegar a reír de todo lo que pasa, de lo que me pasa e incluso de mí”.

Un cómic dedicado a los fallecidos de Charlie Hebdo

Preguntamos a Ramón cómo ha adaptado su estilo de dibujo a esta historia: “Cuando dibujaba para El Jueves, a principios de los 80, imitaba a Wolinsky; otro ejemplo, una historieta de mi libro Bohemio pero abstemio que realicé para El Víbora a principios de los 90 está inspirada en una historieta de Cabú; de hecho La vida es un tango y te piso bailando, está dedicado a estos dos dibujantes de Chalie Hebdo, mis maestros; que murieron en el atentado”.

“Pero a estas alturas ya soy totalmente yo en mis dibujos, influenciado por todos y por nadie. Me sería muy difícil dibujar de otra manera, en mis dibujos intento plasmar la realidad, la que veo yo, con sus aciertos o con, incluso, aquella cierta falta de imaginación de una persona corriente; y sin intentar ser lo que no soy, un virtuoso de las perspectivas, ni de las proporciones. Me gusta exagerar cuando es algo exagerado, y ser simple y dibujar a vuelapluma cuando me cuentan algo bastante inverosímil y que me cuesta imaginar, como cuando mi padre, en La vida es un tango y te piso bailando, me cuenta sus aventuras de la guerra”.

“Además no quiero que se me note que he echado mano a fotos de documentación, ni al buscador de Google, para, por ejemplo dibujar los fusiles, o tanques o cascos de los combatientes; prefiero que el lector sienta que está hecho como cualquiera se imagina que eran, para que parezca todo mas fresco. Hay una parte de La vida es un tango y te piso bailando en que cuento los últimos días del poeta Miguel Hernández; ahí puse todo mi cariño en el dibujo, para hacerle llegar al lector la sensación de estar ahí, de vivirlo en directo”.

La importancia del color

El dibujante también experimenta con el color y los grises en esta obra. “Durante una época –asegura Boldú- me dediqué a pintar cuadros de gran formato, intentando meterme en el mercado ese, hasta que me dí cuenta que se me daba mejor contar historias, incluso con la pinturas que realizaba también contaba historias. Yo, en mis cómics, tampoco intento ser ningún virtuoso del color, lo intenté con mi personaje Mario Gamma El Griego que apareció en el Víbora a finales de los 80; pero ahora dibujo y pinto como si escribiera, pensando en lo que cuento, ser expresivo; imagínate a un novelista que en lugar de estar por la historia que cuenta se preocupase si está escribiendo con buena letra”.

“Lo importante es la historia e intentar explicarla de forma que el lector la encuentre interesante. En mis cómics utilizo el color de manera diferente en cada cómic. Por ejemplo hay el caso de un cómic dentro de otro cómic como hice con El arte de criar malvas, que toda la historia es en color, pero dentro hay también un cómic que dibujo, hablando de mi divorcio, y éste es en blanco y negro con acuarela y aguada gris. Normalmente pinto con Photoshop, pero los sueños, a veces lo hago con pinceles en acuarela; como hice en una de las páginas que soñaba una escena tipo Little Nemo, y lo hice en acuarela y en color para que pareciera más antiguo”.

“En La vida es un tango y te piso bailando -continúa-, he realizado las páginas en color y otras en un bitono verdoso como de foto añeja; cuando cuento cosas a partir de la fecha de mi nacimiento es lo que está en color, y todo lo que sucedió antes de nacer yo lo he hecho en ese bitono. Con esa fórmula de las viñetas en bitono y otras en color, como que la historia está montada con muchos flashbacks, al lector le queda claro en cada momento si está sucediendo eso antes de nacer yo o cuando ya vivía. A veces en una sola viñeta del pasado, en el bitono verdoso ese, me dibujo en ella a mí en color, como si yo hubiese viajado a través del tiempo y estuviera ahí, lo hago siempre que me hubiese gustado presenciar aquella cosa u la otra, y estar presente. Y como el cómic no tiene límites, viajo en el tiempo cuando me entran ganas de estar ahí”.

Los Sexcéntricos es su próximo trabajo

En cuanto a sus proyectos Ramón nos comenta que: “Ahora estoy de lleno con Los Sexcéntricos, aquella ancestral serie que apareció en 1976 y que salió en la contraportada de aquella revista, el Lib. El Lib fue una revista famosa de la época, la revista de la apertura y tal, de la cual fui su creador junto con Lucho, un periodista especializado en política, pero el Lib no hablaba de política y Lucho paso a trabajar al Periódico y me dejó solo con la revista, ¡y era semanal!; me tocaba hacerlo como quien dice todo, y trabajar hasta altas horas de la noche; bueno, pero no lloréis por mí, en realidad mi trabajo nocturno consistía en ir a salas de striptease a entrevistar a las chicas de Crazy Horse, etc. No lo pasaba mal. Y la serie Los Sexcéntricos la estuve dibujando durante unos siete años”.

“El cómic de Los Sexcéntricos no sólo será una recopilación de esas historietas, sino que contaré además lo que me ocurría mientras las realizaba, y la relación de Los Sexcéntricos con mi editor del Víbora, Berenguer, y con Rafael Martínez de Norma, y con el humorista Barragán; también con Vázquez, el del Anacleto, ya que estábamos realizando un proyecto, el último de su vida, basado en Los Sexcéntricos, cuando se murió en 1995. En el 91, ocho años después de acabarse la serie en el Lib, intenté que me la editaran completa en un libro; había un par de editoriales interesadas, pero una me extravió todos los originales. Veintitrés años después aparecieron como por arte de magia, fue en el saló de cómic del año pasado”.

Miguel Hernández se cruzó en su camino

La mente de Ramón es un torbellino de ideas y nunca sabe cómo van a avanzar sus proyectos. Por ejemplo, la realización de este cómic se retrasó porque Miguel Hernández se cruzó en su camino: “Comencé La vida es un tango y te piso bailando en cuando acabé mi anterior cómic Sexo, amor y pistachos, en 2010; decidido a contar la guerra según la versión de mi padre, que vivía en un geriátrico. Cuando llevaba un año y cien páginas ya realizadas; y ya estábamos en el 2011, contactó conmigo un poeta aficionado al cómic llamado Ramón Pereira con la idea de que dibujara la vida de otro poeta, se trataba de una biografía de Miguel Hernández”.

“Miguel Hernández –continúa- es un poeta con una vida dedicada al arte, y al que, como si fuese un atropello, le alcanzó la guerra del 36 que acabó con él, pero no con su mensaje. Fue un poeta que siempre priorizó la calidad de sus creaciones a perder el norte por el dinero. Siempre me he sentido afín a él en este sentido, supongo que tanto Miguel Hernández como yo podríamos habernos dedicado a cientos de cosas, aunque, en mi caso, mi norte es el cómic y sigo en esta dirección”.

“No obstante le dije a Ramón Pereira que estaba enfrascado, precisamente hablando también de la guerra del 36, en otro de mis cómics autobiográficos y no podía dedicarme a otra cosa. Poco después me llamó la editorial EDT (Glenat), para animarme a que contara la vida de Miguel Hernández, tuvimos una reunión y me convencieron. No me arrepiento de haber dedicado casi dos años a La voz que no cesa, vida de Miguel Hernández; la vida de Miguel Hernández es muy dramática, aunque he intentado colar un poco de comedia, indagando en el carácter del personaje, su juventud, y sus ganas de vivir”.

“Por ejemplo cuando Miguel Hernández habla con el padre de su novia Josefina para pedir la mano de ésta, la conversación que tienen la saqué de la que tuve yo, cuando pedí la mano de mi primera esposa. El padre dice: Notarás que estoy algo nervioso, es la primera vez que me piden la mano de una hija. El pretendiente de la hija: Pues yo estoy igual que usted, señor, es la primera vez que la pido. El padre: Y la última, espero”.

“Otra cosa que salió de mi tintero en la obra es el carácter del padre de Miguel Hernández, muy reacio a que su hijo se dedicara al arte; ya que descubrí que el padre de Miguel y el mío eran iguales. Cuando acabé la vida de Miguel Hernández, me metí de nuevo en el cómic de la guerra de mi padre; pero habían cambiado muchas cosas, mi padre había muerto mientras realizaba el de Miguel Hernández, y la perspectiva de todo era otra, por lo que de las cien páginas que tenía hechas de La vida es un tango y te piso bailando aproveché solo treinta, y es que un libro siempre está vivo, y nunca es definitivo hasta que no se entrega a imprenta".

 

Publicado en:
http://www.elboomeran.com/
Fecha: 20 mayo, 2015
Texto: Patricio Pron

¿Otra maldita novela sobre la Guerra Civil? No precisamente / "La vida es un tango y te piso bailando" de Ramón Boldú

Ramón Boldú nació en Tarroja de Segarra en 1951 y desde 1991, y a modo de pionero del cómic autobiográfico español, cuenta su vida en ese formato. A la "crisis de los cuarenta" se le suelen atribuir numerosos percances para las personas que la padecen y quienes las rodean, casi todos relacionados con la idea absurda de que se podría, y se debería, hacer algo para morigerar y disimular la decadencia física y la proximidad cada vez mayor de la muerte; pero, aunque Boldú tenía esa edad cuando comenzó a contar su vida, en los volúmenes en que la ha narrado (Bohemio pero abstemio, Memorias de un hombre de segunda mano, El arte de criar malvas, Sexo, amor y pistachos) sólo se puede encontrar un vitalismo desproporcionado y una alegría que lo han hecho contar catástrofes personales y políticas con un desparpajo que recuerda al de sus maestros, los extraordinarios autores franceses Georges Wolinski y Cabu (Jean Cabut), ambos asesinados en el ataque perpetrado contra el semanario satírico Charlie Hebdo el siete de enero de este año.

A pesar de ello, nada hubiese sido más predecible ("comprensible", podría decirse también) que la adopción de un tono más "serio" en un volumen en el que se ocupa de los hechos que afectaron a su familia durante la Guerra Civil española; sin embargo, La vida es un tango y te piso bailando es un libro extraordinariamente divertido incluso aunque sus temas y sus personajes son un padre despótico y una madre humillada durante años (los del propio autor) y las circunstancias que condicionaron sus vidas, los bombardeos fascistas sobre la población civil en la Segarra durante la Guerra, una leva forzosa de los Republicanos, las fosas comunes, un niño trastornado por una realidad incomprensible, la huída de la zona de conflicto, los retenes en los que la suerte de las personas era determinada casi por azar, los crímenes contra los más desfavorecidos y vulnerables, un cura abusador, unas niñas encerradas sin ver la luz del sol en un palacio regenteado por monjas, las cárceles franquistas, Miguel Hernández, un dibujante represaliado, un anciano exhibicionista, uno o dos embaucadores; uno de ellos, el padre del narrador.

Entre tantos personajes sobresalen los del bisabuelo del autor, un alcalde republicano que tuvo la decencia de proteger de los más radicalizados al rico del pueblo y fue denunciado posteriormente por él (es uno de los miles de desaparecidos del conflicto) y el ilustrador español Juan Ferrándiz, que alentó al dibujante en ciernes sin querer imponerle su estilo (el de sus famosas imágenes religiosas de estilo naif) y le abrió los ojos ante la realidad de una España en la que, todavía, simpatías políticas como las del dibujante Eusebio Oca podían condicionarlo todo. Uno más, también: el propio narrador, que surgió de ese fondo de verdades a medias y ocultamientos para contribuir durante la "Transición" a la conquista de unas libertades que (al menos en España) siempre parecen a punto de ser suprimidas.

A pesar de su tema, en La vida es un tango y te piso bailando hay ternura y humor, puestos al servicio en este caso de una historia dura que es ni más ni menos que la de España. Memoria, familia, relato, país, presente y vocación desfilan por sus páginas no para azuzar enfrentamientos sino, como en el juego inventado por el narrador, el tango, para proponer una melancólica solución a los viejos problemas.
Un gran libro.

 

Publicado en:
http://www.fancueva.com/
Fecha: 13 mayo, 2015
Texto: Sergio Benítez

'La vida es un tango y te piso bailando', de lo ecléctico en Boldú

Sólo hay que agarrar lo último de Ramón Boldú y atreverse a quitarle las guardas y desplegarlas para apercibirse de aquello que deja muy claro el titular, que el autor español no podría ser más ecléctico. De hecho, si a lo sorprendente de encontrarnos un ajedrez reinventado, que parte de la intención de Boldú de eliminar la componente belicosa de tan antiguo juego, le añadimos el que el talante biográfico que destilan estas páginas se mueve a dos niveles (ateniendo tanto al artista como a su progenitor), sería de recibo afirmar mejor que al antiguo director de la mítica ‘El Víbora’, el epíteto ecléctico tiempo terminó por quedársele muy corto.

Con su estilo gráfico desgarbado y una narrativa aparentemente despreocupada que no se alza como lo mejor de la lectura, uno podría preguntarse por qué vale la pena —porque la vale— acercarse a La vida es un tango y te piso bailando. Los motivos, como suele pasar en una obra que funciona en distintos niveles, son bastante variados. De entre todos, destacaría, de una parte, la suma mordacidad con la que Boldú caracteriza un conjunto que, de la otra —y sirviendo una vez más al talante autobiográfico por el que quizás sea más reconocido el dibujante—, mezcla recuerdos propios de su recorrido vital con lo que termina adquiriendo mayor relevancia a lo largo de la narración: aquellos procedentes de su padre que nos acercan a las miserias de la Guerra Civil española por las que tuvo que pasar el abuelo del autor.

Recuerdos éstos que cuentan con ese protagonista de excepción que es Miguel Hernández —el poeta onubense fue protagonista del anterior cómic de Boldú, ‘La voz que no cesa’, publicado por la ¿desaparecida? EDT el año pasado—, el parecido del dicho sesgo de la narración con lo que Antonio Altarriba y Kim ponían en juego en ‘El arte de volar’ es, como poco, incuestionable. Pero allí donde el volumen de Altarriba se decantaba más por el drama —aunque incluía otros muchos géneros— es aquí la comedia la que tiene principal protagonismo por mucho que, en ciertos momentos, la tragedia haga acto de aparición. A fin de cuentas, como decía antes, si Boldú se caracteriza por algo, es por su mordacidad, y si ésta surge de algún sitio es de un humor impenitente que, unido a disquisiciones de mayor calado, hace de ‘La vida es un tango y te piso bailando’ una gran lectura.

 

Publicado en: Periódico El progreso, de Lugo
Fecha: 9 mayo, 2015
Texto: Alfredo Pardo

Jaque mate

Ramón Boldú es la fruta de verano con hueso. Deja frescor y aroma en las papilas gustativas, evoca reminiscencias del mojado de la lluvia durante el estío y lega finos hilos entre los dientes para que excavemos con el palillo. El cómic “La vida es un tango y te piso bailando” (Astiberri) nos transporta a la plenitud del recuerdo de un cronista tragicómico cuyo relato conecta estrechamente hacia una conmoción visual. La actitud rememorante de los acontecimientos descritos por Boldú comienza con un tablero de ajedrez en el geriátrico donde reside su padre. El precio de ser precursor del cómic ibérico autobiográfico desde 1991, le costó al bohemio Boldú coleccionar numerosas querellas y pleitos. Airear y narrar con agudeza al artificio de confidentes sin ningún pudor conlleva ciertos riesgos. Pero el que fuera director de arte desde 1988 del comix “El Víbora” también fue cocreador en la transición de la revista erótica “Lib” en 1976, diseñando (antes que la manzana de Steve Jobs) el logo de la pera mordida e incluyó las historietas “Los Sexcéntricos”. Supo despertar los sueños húmedos y elevar la imaginería onanística de un pais rancio y con olor a naftalina.

Ahora se marca un tango con una progresión oscilatoria que es atravesada por el compás universal de las cosas habituales. Desde la residencia de ancianos su padre va proyectando varios planos de conversación y juegan con la polivalencia de las palabras impresas en la memoria de una guerra del 36 pasada pero no olvidada. En el engranaje de republicanos y nacionales dispuestos a dislocar y dispersar los frágiles conflictos bélicos, es donde Boldú recurre a la retórica del poder enjuiciador de la mera observación para finalmente sacar sus propias resoluciones gráficas.

La estructura tensional rodea todos los periplos familiares desde sus bisabuelos, abuelos y padres en la comarca rural de la Segarra. El agridulce sabor de los exilios forzosos, asquerosos fusilamientos, monjas hijas de puta, curanderos de pesadilla y las extrañas visiones alucinógenas en paisajes ruinosos, es utilizado como segmentos introductorios donde la relación de confidencias se pierde como el que contempla un barco emocional a la deriva. Arroja las viñetas al terreno documental donde la complicidad y espontaneidad comparte cadencia de intenciones humorísticas. Ramón es el trovador contemporáneo de las cantigas de escarnio y maldecir.

En el múltiple escaparate de su infancia curioseamos las influencias de Gustave Doré en sus primeros trazos. La lírica profana de infinitos gestos y acciones cotidianas de amistad con el dibujante Ferrándiz. Descubrimos a Eusebio Oca y lloramos con el poeta Miguel Hernández. Los matices y variaciones van redefiniendo en una suerte de espiral la droga sintética Methedrina. Sí, las anfetaminas que se llegaron a tomar como caramelos Sugus. El personal estilismo pedófilo de la curia barcelonesa y el interés curioso de relación con su mujer, padres, suegra y gato. Boldú reivindica la visión personal y poética de su existencia, meditando sobre la subjetividad de la mirada y la perspectiva en una partida de ajedrez a ritmo de tango.

 

Publicado en:
http://www.papelenblanco.com/
Fecha: 4 mayo, 2015
Texto: Papel en blanco

'La vida es un tango y te piso bailando': recuerdos de Ramón Boldú

Ramón Boldú es una especie de Harvey Pekar español. En los años 90 se revela como uno de los pioneros patrios del cómic autobiográfico con obras como 'Bohemio pero abstemio' (La Cúpula) y 'Memorias de un hombre de segunda mano' (Glénat), serializadas en la revista 'El Víbora' y más tarde recogidas por por Astiberri en un volumen integral. Su periplo vital siguió en 'El arte de criar malvas' (2008), 'Sexo, amor y pistachos' (en el que narra su experiencia como guionista de una película porno) y 'Los guionistas nunca ligan' (2013). Ahora se edita 'La vida es un tango y te piso bailando' (Astiberri), en la que Boldú cede parcialmente el protagonismo a su padre y a otros familiares.

Los recuerdos que Boldú va hilando son un poco al azar: al igual que una concatenación de pensamientos, unos llevan a otros y la impresión que dan es de caóticos o de falta de planificación. Pero no de falta de interés, porque los recuerdos que el autor recoge (de su padre, de su suegra) sobre la guerra civil española no tienen desperdicio y nos devuelven a la España más oscura y miserable del siglo pasado. No es cuestión, como apuntaba insensatamente Ramón de España en un reciente artículo sobre el Salón del Cómic (y que curiosamente sí tiene palabras de encomio para esta obra), de apelar gratuitamente a la temática social para tener éxito; es que este tipo de historias costumbristas y de raigambre intrahistórico ponen de manifiesto la condición humana, lo mejor y peor de nosotros, que es lo que el autor busca.

En las memorias de Boldú hay tragedia y hay comedia, como en la vida real, y como dice el propio autor, él intenta ser serio, pero no puede tomarse en serio a sí mismo. No le sale un 'Arte de volar', eso no sería propio de Boldú, ése no es su carácter. Su obra se mueve en una escena distinta, consciente de que la vida tiene más de sainete que de tragicomedia. Entremezclado con los recuerdos de sus familiares, están los suyos: sus inicios como dibujantes, la historia del poeta Miguel Hernández en la cárcel, que oye gracias a su mentor; pero también la descacharrante teoría que relaciona bombardeos, psicotrópicos y extraños acontecimientos de la España rural, la posible explicación de la muerte de su bisabuelo gracias a algo que oye mientras trabaja en 'Interviu'; el 11-S, la muerte de su madre, el geriátrico donde ingresa su padre...

El cómic, igual que estas memorias fragmentadas y caprichosas, se revelan como el juego del tango que inventa el autor: con movimientos azarosos e imprevisos pero que al final permiten trazar una trayectoria, aunque angosta, coherente.

Si la obra adolece de alguna cosa, es que se hace algo farragosa en su presentación formal. La incontinencia verbal del autor provoca unas páginas cargadísimas de texto (aunque no llega al nivel de Santiago Valenzuela) que parecen mantener un duelo contra el horror vacui. Pero lo compensa el autor con su humor, su desfachatez y su cercanía. Ramón Boldú es un Pekar españól, sí, pero con algo de Vázquez. Y eso es lo que le hace tan genial.

 

Publicado en:
http://www.lavanguardia.com/cultura/20150502/54430359495/ramon-boldu-el-historietista-que-nunca-dejara-de-reirse-de-si-mismo.html

Fecha: 2 mayo, 2015
Texto: Pilar Martín

Ramón Boldú, el historietista que nunca dejará de reírse de sí mismo

Sin pudor, como es habitual, y con el humor con el que acostumbra a vivir su vida, el historietista catalán Ramón Boldú vuelve con 'La vida es un tango y te piso bailando' a meterse en su propia piel, y en la de su padre, para recordar cómo su familia vivió la Guerra Civil.

Aunque con esta nueva obra editada por Astiberri le ha costado más "reírse de sí mismo", el pionero de los cómics autobiográficos reconoció que su carácter le ha hecho tomárselo todo "en plan humor", algo que a sus seguidores ya no debe extrañar dado que ha mostrado su vida, con sus glorias y sus miserias, a lo largo de su trayectoria en publicaciones como 'Lib' o 'El jueves'.

En esta ocasión, el también autor de libros como 'Sexo, amor y pistachos' (2010) habla de la Guerra Civil, de cómo transcurre la vida en un geriátrico o de la muerte de su padre, el gran protagonista de este cómic que, tras fallecer en 2013, provocó un cambio en la obra que Boldú comenzó a escribir dos años antes.

"Cuando cogí las cien páginas que tenía hechas desde 2011 solo me quedé con treinta porque había cambiado todo tanto con la muerte de mi padre..., así que le di la vuelta. Esto demuestra que el libro está vivo siempre hasta que no lo entregas a la editorial".

Y, como resaltó, "menos mal" que le dio la vuelta porque el libro ha cambiado "para bien y para mejor". "Es el libro con el que me encuentro más identificado porque cuento cosas más actuales, que me pasaron el día anterior; en cambio en los otros explico cosas de hace diez años", añade.

Y, es que, en 'La vida es un tango y te piso bailando', Boldú vuelve a sacar su lado más sarcástico para contar a sus lectores cómo una vez al mes va al geriátrico a visitar a su padre y allí matan el tiempo jugando al ajedrez mientras este le explica historias de la guerra civil española.

Momentos que vivió en su propia carne y que le llevaron a crear un nuevo ajedrez llamado "tango libre", una nueva disciplina con un tablero especial y con unas reglas más humanas y que incitan a la humanidad a amarse, "mas que a matarse". Y todo esto, como desarrolla en el cómic, mientras se muestra su buena intención para aprender junto a su mujer a bailar tango.

Acostumbrado a "escuchar" que le digan que si hubiese nacido en Estados Unidos sería "la repera marinera, un Robert Crumb", este autor con nómina de 120 euros al mes, como confesó, prefiere quedarse no con lo que gana sino con el "hecho de saber" que cuando una persona abre un libro suyo está "jugando" con la mente del lector "hasta el final".

"O sea, que estoy haciéndole ir para todos lados, ocupo su mente".

Aunque aún sigue disfrutando de los encuentros con sus seguidores tras la publicación de 'La vida es un tango y te piso bailando', Boldú (Lleida, 1951) está en la actualidad inmerso en la reedición de 'Los Sexcéntricos' (La Cúpula), obra que creó " allá por el 1988".

"No será solo una recopilación, sino que hay muchas historias. Voy intercalando lo que vivían en cada momento con una historia autobiográfica de qué es lo que me pasaba mientras los dibujaba todos esos años", concluyó sobre este trabajo, que verá la luz después de que los originales aparecieran tras estar veinte años escondidos en un cajón.

 

Publicado en:
http: www.lacarceldepapel.com/
Fecha: 1 mayo, 2015
Texto: Albaro Pons (La Cárcel de Papel)

Tangos

El tango es una danza hipnótica, de cuerpos que giran y se enrollan entre sí, que deambulan de un lado para otro en un baile donde hombre y mujer crean un universo aislado del mundo, absortos en sí mismos, apenas ligados con la realidad por el sonido del bandoneón que va y viene. No es difícil ver en esa danza la realidad de la vida, que nos lleva siempre a bandazos, metidos en esa burbuja egoísta que nos creamos alrededor, dando tumbos imprevisibles a merced de una música que apenas oímos. Decía Borges que las letras del tango antiguo nos permitían tener un pasado imaginario. No las de Gardel, que odiaba por lloronas, sino las de esos tangos que nacieron en los arrabales, en los prostíbulos donde la Parda Flora, en los barrios bajos que hicieron suyo al tango para contar las vicisitudes del alma, las suyas, las del país. En la última entrega de su “vida comicgrafiada”, Ramón Boldú nos habla del tango de forma aparentemente ajena. Cuenta que, buscando un sustituto a las batallas del ajedrez, diseñó un juego basado en el tango donde lo importante no es derrotar al adversario, sino ligar con él. Sin embargo, a medida que vamos leyendo La vida es un tango y te piso bailando (Astiberri), se hace cada vez más evidente que la excusa traspasa el juego y el tango se convierte en metáfora real de la que es, sin duda, la mejor entrega de su biografía en viñetas. Como en el baile, Boldú va yendo de un lugar a otro, sin destino previo, cambiando de épocas, de lugares y de momentos, girando en cada argumento sin dar respiro. De la guerra civil a la actualidad, de ahí a su infancia a su juventud y vuelta a la realidad y su infancia. De los 50 a los 80, de los 70 a los 40, de los 40 al 2015. De una idea a otra sin solución de continuidad, en un salto continuo improvisado y casi suicida, pero que poco a poco, como anunciaba Borges, va componiendo un retrato que toma forma. El caos va enfocando una figura definida, ese pasado imaginario del que hablaba el escritor, compuesto de retazos de memorias propias y ajenas que ya no se sabe si son reales o inventadas. En el fondo, da igual, porque el recuerdo es siempre real para nosotros, aunque haya sido creado en alguna neurona algo pocha o, simplemente, como medida de defensa contra un pasado que nos inquieta. Y resulta que, en ese ir y venir de azares y serendipias, hay un relato real y particular, como en el tango. Hay una vida que gana en riqueza por el asombro que nos provocan las conexiones de la existencia, es que siempre hemos resumido con un “¡Qué cosas tiene la vida!”. Boldú repasa su vida, la de sus padres y la de sus abuelos, componiendo un tratado de su historia que es, también, la historia chusca de este país. La de verdad, o no, pero es la que recordamos, la berlanguiana, la de Buñuel. Con ese humor exuberante con el que Boldú lleva contando su vida desde hace más de 20 años, cuando comenzó con este particular viaje en las páginas de El Víbora. La vida es un tango y te piso bailando es un paso más de ese camino, quizás el más brillante dado hasta ahora, pero que –esperemos- será tan solo uno más en esta gigantesca y genial obra que es la autobiografía de Ramón Boldú.

 

Publicado en:
http://gentedigital.es/
Fecha: 30 abril, 2015
Texto: Octavio Beares (Blog sobre cómics)

SERIE DE VIÑETAS
La vida es un tango y te piso bailando, uno de los 5 mejores del mes de Abril:

Solo por ser de quien es: Boldú merece toda la atención.

 

Publicado en:
http://www.entrecomics.com/
Fecha: 21 abril, 2015
Texto: Gerardo Vilches

Ramón Boldú es uno de los versos libres más interesantes del cómic español. Casi nadie se acuerda de él cuando hacemos memoria de la historia reciente del medio, pero ahí está, desde hace años, haciendo novelas gráficas antes de las novelas gráficas y haciendo autobiografía cuando nadie aquí la hacía. Con humor, claro, con una influencia clara de sus maestros, los humoristas iconoclastas de Francia y EE. UU. De hecho La vida es un tango y te piso bailando está dedicado, emotivamente, a Cabú y Wolinski.

En este nuevo libro, Boldú sigue haciendo lo que mejor sabe hacer: divagar, narrar sin contención ni estructura retazos de su vida, sin tomarse nunca en serio. El tono de vacile constante establece de inmediato una relación muy especial con el lector. Como él nunca desaparece de plano como narrador, casi parece que nos esté contando en un bar todo lo que le ha sucedido, o incluso su memoria familiar, la gran novedad de esta entrega. Como si fuera una especie de parodia de Maus o El arte de volar, Boldú habla con su padre para que le cuente sus experiencias durante la guerra civil y plasmarlas en un cómic, y vemos ese diálogo, superpuesto a la propia narración del padre. Lo que pasa es que, claro, hablamos de Boldú, y es todo maravillosamente pocho: tras el primer día de trabajo, se despide de su padre y le dice que volverá, dado que supone que tendrá mucho más que contarle, y el progenitor responde: «Pues no, creo que ya te lo he contado todo». Y así Boldú se desmarca, inteligentemente, de los grandes relatos y de las historias excepcionales para sumergirse en la mediocridad, en las historias comunes compartidas, en realidad, por la inmensa mayoría de españoles de la generación de su padre.

Hay mucha más pericia de la que parece en la manera en que Boldú nos cuenta todo esto. El humor a veces distrae, parece que lo que hace es fácil, pero acaba moviéndose en varios niveles a la vez, en un juego relativamente complejo: por ejemplo, me encanta cómo se introduce como espectador en el pasado y lo vive en tiempo real, incluso asustándose porque si matan a su padre él nunca nacerá. Son vaciles, ya decía antes, pero detrás de ellos hay un juego narrativo que sirve para quitar gravedad al discurso de su padre —que tampoco es que cuente las cosas como si fuera un gran drama— y sobre todo refleja la complicada relación que tuvo con él. La forma en que trató a su esposa en sus últimos años de vida, o lo estricto y hasta violento que era el modo de educar a su hijo, se abordan sin drama, cubiertos igualmente de humor, pero ahí están, y no hay medias tintas en ello.

Pero una vez que ha contado lo que iba a ser el gran tema del libro en aproximadamente un tercio de sus páginas, Boldú simplemente sigue contando. Alguien con una vida como la suya nunca va a quedarse en blanco. Esa renuncia al relato cerrado y a la planificación es lo que consigue algo muy difícil: dotar de inmediatez y hasta cierta oralidad a un medio que cuesta hacer inmediato, incluso aunque se dibuje a vuelapluma —vamos a decirlo: en algunas páginas demasiado a vuelapluma, pero es perdonable, no importa—. La deriva le lleva a contar más anécdotas de su época como currante en el Lib, pero también de su infancia, en el colegio, y más tarde como dibujante en ciernes. En especial es muy interesante su relación con Ferrándiz, un ilustrador histórico que marcó a Boldú, aunque luego su trabajo no tuviera nada que ver con el estilo del maestro.

También tiene relativa importancia un invento muy loco, un juego de tablero llamado el tango libre, inspirado en el ajedrez, pero con reglas no violentas, que intenta fabricar Boldú sin éxito y que se incluye en el libro, aprovechando la sobrecubierta. No lo he probado, así que no sé si es un buen juego, pero al menos supone un extra diferente a los habituales.

Por lo demás, La vida es un tango y te piso bailando es Boldú en estado puro, otra entrega de unas memorias en curso que desmontan el mito —como si hiciera falta— de que aquellos que recurren a la autobiografía a) son unos llorones y b) no tienen nada que contar.

 

Publicado en:
http://carnedepapelytinta.blogspot.com.es/
Fecha: 21 abril, 2015
Texto: Jaume Vaquer

Boldú intenta hacer El arte de volar narrando las historias de la Guerra Civil que le cuenta su padre en un geriátrico y le acaba saliendo un juego de tablero.
Tal cual.
La estructura es caótica, se nota el conjunto algo improvisado por alguna que otra repetición, por no mencionar que hay un parón de un par de años del grueso del cómic y las últimas páginas.
Puro Boldú.

 

Publicado en:
http://www.lacarceldepapel.com/
Fecha: 20 abril, 2015
Texto: La cárcel de papel

Uno de los 5 mejores del Salón 2015: La vida es un tango y te piso bailando, de Ramón Boldú (Astiberri).

Cualquier tebeo de Boldú es una gran noticia. Pero sí es una nueva entrega de su biografía, una celebración contagiosa de las ganas de vivir.

 

Publicado en:
https://radiobertoldo.wordpress.com/
Fecha: 14 abril, 2015
Texto: Radiobertoldo

Vuelve el gran Ramón Boldú

No me quería ir a la cama hoy son dejaros un apunte muy jugoso sobre las novedades de abril de Astiberri.

Se trata de lo nuevo de Ramón Boldú, La vida es un tango y te pido bailando.

Historia de nuevo autobiográfica centrada en las vivencias de la familia del Boldú durante los años de la guerra.

El año pasado me traje un autógrafo suyo del Saló de Barcelona. Es un crack de la historieta que no os debéis perder.
Aunque si bien es cierto se atrapalla un poco a la hora de dibujar. Genio y figura.

 

Publicada en: El Periódico
Fecha: 12 de abril, 2015
Texto: Ramón de España

Boldú, dibujante y payés

Boldú, dibujante y payés

–Maestro de la historieta autobiográfica, Ramón Boldú es nuestro Robert Crumb
–Cree que los alemanes soltaron éxtasis en la Segarra durante la guerra civil

Ser dibujante de cómics en España no es ninguna ganga. Y si no, que se lo pregunten a mi amigo Ramón Boldú –maestro de la historieta autobiográfica, ¡nuestro Robert Crumb!–, que hace unos días se fue a pedir un crédito a un banco. El hombre lleva unos años exiliado en L’Escala junto a su tercera esposa –por una de esas serendipias tan comunes en su existencia, se casó con ella el mismo día que la esposa número dos matrimoniaba con otro caballero– y a ambos les ha dado por trasladarse a algún pueblo alejado de la costa en el que ambos convivir felices con sus galgos, sus gallinas y sus ocas, cultivando el huerto. Como en esta sociedad hasta los proyectos de una vida horaciana pasan por los bancos, Boldú tuvo que recurrir a ellos y le preguntaron a qué se dedicaba. Dijo que era dibujante, motivando así la primera mueca de disgusto del funcionario de la oficina bancaria.
«¿Y no tiene nada que le respalde?», preguntó este (traducción: «¿algo que le podamos soplar si no nos paga?»).
«Bueno –repuso Boldú –, tengo unas tierras en Lleida que heredé de mi padre….».
«En ese caso –concluyó el banquero–, pondremos en la solicitud que es usted dibujante y payés, si no le importa».
Ramón Boldú (Lleida, 1951) acaba de publicar un capítulo más de su autobiografía dibujada, La vida es un tango y te piso bailando (editorial Astiberri), que se suma a Bohemio pero abstemio , Memorias de un hombre de segunda mano , El arte de criar malvas y Sexo, amor y pistachos . En esta ocasión, el artista se centra en sus padres, fallecidos no hace mucho y que en la hora final le soltaron la misma frase: «Perdóname, hijo». Otra serendipia típica de Boldú. De hecho, es el padre quien ocupa la posición central en el libro, que ofrece el retrato de un sujeto quimérico, apasionado de la literatura, que siempre pareció querer ser otra persona, aunque sin saber exactamente quién. Dice su hijo: «Trabajó toda su vida como bibliotecario en el Ateneu. Gracias a él, faltan las páginas finales de un montón de libros, ya que siempre las arrancaba porque sostenía que quedarse sin saber el final de una historia fortalecía el carácter. O sea, mi padre nunca leyó un libro entero. Siempre se quedaba a cuatro páginas del final».

La culpa, de los nazis
Ya en el geriátrico, Boldú padre se recicló en conferenciante de uso interno y maquilló su biografía para presentarse ante los demás reclusos como una mezcla de sabio y catedrático que por fin había encontrado el lugar adecuado para impartir doctrina. No es el único familiar del artista en el que se adivina cierta in-sania: «Hay una rama de locura en mi familia, no lo niego. Y me incluyo en ella. Igual todo es culpa del éxtasis que lanzaron los nazis en la Segarra durante la guerra civil…»
Boldú asegura que los aviones alemanes que bombardearon la zona la rociaron con un elemento químico antecesor del éxtasis de discoteca, y que ello explicaría las extrañas visiones experimentadas por su padre y su tío Juan , que ya de pequeño empezó a dar muestras de excentricidad y se volvió definitivamente tarumba en su juventud, cuando le abandonó la novia (se dedicó a trabajar en el campo hasta que murió atropellado en su pueblo).

Una confesión imprudente
El tono de La vida es un tango y te piso bailando es bastante distinto del de sus libros anteriores. «Será la edad», dice él. Probablemente. El Boldú actual ya no es el gamberro que dirigía Lib y despistaba las fotos de Interviú para su propia revista, ni el alegre juerguista promiscuo que pasaba los veranos en un cámping nudista de Cap d’Agde, ni siquiera esa víctima de la sinceridad en la que se convirtió cuando le dio un patatús y, creyendo que se iba al otro barrio, le confesó a su segunda mujer todas sus infidelidades con pelos y señales (el artista sobrevivió, evidentemente, pero su matrimonio no)…
El Boldú actual es un señor de sesenta y tantos años con tres hijos a cuestas. Como casi toda la gente de su edad, sigue sin entender a sus difuntos progenitores, pero ya ni lo intenta, limitándose a retratarlos con fatalista sinceridad.
Y aún le queda tiempo para recordar sus visitas a la mansión de Ferrándiz , el de los célebres christmas de pastorcillos, versión en dos dimensiones del universo Lladró, quien le hizo concebir la posibilidad de vivir del dibujo.

Vivir del cómic
«No lo he logrado nunca –reconoce el artista–. El otro día eché la cuenta de lo que me reportan los tebeos y calculé que unos 120 euros al mes». Pero eso no le va a impedir seguir en sus trece, compartiendo sus vivencias y reflexiones con el público, por escaso que este sea. Y si para conseguir un crédito con el que acceder a una vida mejor hay que hacerse pasar por terrateniente ilerdense, adelante con los faroles.
Total, como demuestra su obra, si algo le sobra a nuestro hombre es desfachatez.